Crónica: Concierto de Turnstile en Barcelona, Sant Jordi Club (24-11-2025)

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Turnstile - Barcelona (2025)

Redacción: Marcos Molinero / Fotos: Christian Bertrand

El Sant Jordi Club de Barcelona es demasiado pequeño para contener un terremoto, pero ahí está la gracia: cuando Turnstile pisa ese escenario, la sala deja de ser una sala y se convierte en un laboratorio de energía sin supervisión. No vinieron a gustar; vinieron a arrancar las telarañas a hostias. Y vaya si lo hicieron.

Abrieron con NEVER ENOUGH, tan violento y luminoso que parecía un puñetazo envuelto en purpurina. La banda entró compacta, sudada desde el primer acorde, con ese hardcore expansivo suyo que mezcla fiesta, trauma, punk, funk y furia juvenil barnizada de pop. Siguieron T.L.C. (Turnstile Love Connection) y ENDLESS, y ahí el concierto dejó de ser un show: el público no saltaba, levitaba a golpes. En I CARE / DULL el suelo tembló como si estuviera hecho de cartón mojado.

Tuve la misma sensación que aquella noche del 9 de febrero de 1994 viendo a Nirvana en directo: hay bandas que se autoinmolan, que se queman para que muchas detrás puedan disfrutar, no del éxito, sino de una buena vida, para no acabar olvidadas en una gasolinera del cinturón cristiano de Estados Unidos.

Pero Turnstile ya no es esa banda de Baltimore que nos enseñó el hardcore más honesto. Han evolucionado: sacan a flote influencias pop, electrónica y rock convencional. Cuando atacan sus temas primitivos, aquellos de los inicios, ya no resultan creíbles; están a años luz de aquella furia cruda. Turnstile ha muerto, y de sus cenizas ha surgido LA BANDA de rock “alternativo” del momento. Los jóvenes se enamoran por primera vez con ellos; los viejos fans, poco a poco, se van desengañando, observando cómo se alejan.

Turnstile - Barcelona (2025)

El sonido comprimido y superproducido no ayudó a sus cortes antiguos, que sonaron apagados y sin chispa, aunque sí encajaba con lo nuevo. Los más fieles, coherentes con la filosofía hardcore, disfrutaron de High Vis; todos, o casi todos, sufrimos con The Garden, un dúo que parecía estar de broma, en un ensayo o riéndose de nosotros: el grupo punk más coherente desde los días de los Sex Pistols. Soltaron mil ideas y sólo aprovecharon tres; ni una canción salvable de cabo a rabo, entre genialidad incomprendida y boutade absurda.

La parte central fue un estallido de intensidad con DON’T PLAY, Real Thing,  Drop, LIGHT DESIGN y Come Back for More / Fazed Out, pero el final real llegó con Look Out For Me, Mystery, Blackout y Birds,  constatando que han abierto una puerta a un umbral hacia un mundo tan alejado del de sus inicios que solo nos queda esperar que no sean engullidos por un agujero negro.

Turnstile no da conciertos: da electroshocks emocionales. Y en Barcelona dejaron clarísimo que nadie mezcla luz y hostias como ellos, aunque ya no sean la misma banda que nos quemó la cabeza por primera vez.

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