
Redacción: Marcos Molinero
La verdad es que iba con bastante precaución y reticencias al concierto de John Lydon y sus compadres de Public Image Ltd, y me sorprendieron. Musicalmente sonaron compactos y robustos, muy engrasados. John era, de los cuatro, quien sembraba más dudas y, aunque su voz no es la que era, tampoco lo es su actitud. No deja de ser un frontman con carisma, actitud y que da respeto. Su voz aguantó bien y, tras el parón del cigarrillo para los bises, vimos al John Lydon más Johnny Rotten. Temerario, salvaje y desbocado, con la banda fuera de control como un tren a punto de descarrilar. Tocaron sus mejores cortes y sonaban más agresivos y musculosos que sus versiones grabadas, y John, con su voz menos nerviosa, menos gelatinosa y más robusta, rota y resquebrajada.
Nos hicieron cantar, bailar, saltar y emocionarnos en un ejemplo perfecto de que la nostalgia no debe ser aburrida ni bajonera. Ellos aplicaron proteínas y esteroides a sus canciones y, durante más de noventa minutos, redondearon un concierto que más quisieran bandas que les han tomado prestado el libreto, como LCD Soundsystem, Idles o Shame, por citar unas cuantas. Porque una de las cosas que PiL tiene y que no tienen el resto de bandas actuales y contemporáneas a ellos, como The Fall, Joy Division o Killing Joke, es el humor.
Empezaron fuerte con Home y enlazaron con rotundidad Know Now y la poco habitual World Destruction. Llegó el primer gran momento de la noche con una brillante This Is Not a Love Song, que puso la sala en llamas, y fueron cayendo himnos uno tras otro: Poptones, Death Disco o Flowers of Romance, para llegar a otro momento álgido de la noche con una tremebunda Warrior, y cerraron con la versión de Open Up, de Leftfield.
Los bises, más punk que post-punk, fueron Public Image, Rise y el medley Annalisa / Attack / Chant, con el que dieron por finalizado el concierto. Les costó irse del escenario por la gran despedida del público, pero era mejor dejarlo así.