Crónica: Concierto de Ty Segall en Barcelona, sala Paral·lel 62 (21-09-2026)

[kkstarratings]

Ty Segall (2025)

Redacción: Marcos Molinero

Hay conciertos que empiezan cuando se apagan las luces. El de Ty Segall empezó mucho antes, probablemente cuando alguien decidió que catorce años eran un intervalo razonable para volver a Barcelona. El rock no estaba muerto simplemente había que subir el puto volumen.

Catorce años desde su ultimo concierto en sala. Pero en cuanto  Segall enchufa la guitarra, cualquier reproche desaparece. Y con Mikal Cronin al lado, directamente se acaba la civilización.

Paral·lel 62 se convirtió en una centrifugadora de fuzz, garage, psicodelia, protogrunge y decibelios. Así sonarían Queens of the Stone Age si no hubiera existido la MTV. Guitarras, batería, teclados de otras épocas, amplificadores y una cantidad irresponsable de electricidad. No hacía falta más. Spinal Tap aprobaron que la banda tocara al 11 de volumen.

Son unos músicos increíbles y lo mejor de todo es que no se empeñan en demostrarlo constantemente por encima de la necesidad de las canciones. Parco en palabras, Ty es una fiera con la guitarra, aunque Cronin al bajo es un animal escénico. La fuerza de ambos empuja al resto de la banda al abismo y al público a dejarse el alma en cada nota. Y el público estaba dispuesto.

Black Paint cayó como una bomba y las primeras filas se convirtieron en un mar constante de pogo controlado y crowdsurfing casi continuo. Hubo un momento en que hasta seis personas sobrevolaban la audiencia. Una postal profundamente noventera que, por alguna razón, parecía seguir teniendo todo el sentido del mundo.

Segall no necesita hablar demasiado. Su discografía habla por él. De Melted a Manipulator, pasando por Chrome, hay suficiente munición para llenar varios conciertos y dejar siempre a alguien preguntándose por qué falta aquella canción. Ese es probablemente el único problema de Ty Segall: tiene demasiadas canciones.

Pero precisamente ahí está la gracia. No convierte el pasado en un museo ni el presente en una obligación promocional. Lo mezcla todo. Canciones que parecen a punto de desintegrarse y que, sin embargo, siguen funcionando como canciones.

El bis, con el L.A Woman de The Doors, termina de cerrar el círculo. El rock entendido como sudor, electricidad, psicodelia y peligro, pero pasado por la trituradora de Segall.

Cuando finalmente termina, hubo otra canción más, queda ese silencio extraño que llega después de una descarga así. Y los oídos zumbando. Hacía años que no acababa un concierto con un zumbido igual. A la mañana siguiente seguía ahí. Qué maravilla.

Entonces vuelve la pregunta del principio:

¿Por qué demonios hemos tenido que esperar catorce años?

Ty Segall no necesita salvar el rock ni reinventarlo. Le basta con recordarnos que todavía puede ser sucio, físico, divertido, excesivo y ligeramente peligroso. Durante un par de horas, Barcelona volvió a sonar como si todavía importara el volumen.

Antes de la descarga magistral de los californianos, los británicos No Peeling actuaron como teloneros. Empezaron fríos y dubitativos, enmarañados y atropellados. Vale que el sonido de las primeras canciones tampoco fue el mejor del mundo, pero no terminaron de entrar en calor hasta bien avanzado su concierto. Y ahí vimos que el post-punk también necesita pasar por el local de ensayo, horas de trabajo y bastante más esfuerzo que poses.

Como dicen ahora en las escuelas: necesitan mejorar. O, siendo más generosos, progresan adecuadamente. Y es que después salieron Ty Segall y, directamente, les arruinaron la noche.

MÚSICA RELACIONADA

linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram