
Redacción: Jaime VL
Las probabilidades de ganar algo en la Lotería de Navidad, aunque sea el reintegro, son de en torno al 15%. Estas posibilidades se reducen muchísimo para conseguir uno de los premios grandes. Con los conciertos de Morrissey ocurre algo similar: que no se cancele es ya un milagro (ha suspendido ya 357 desde que comenzó a girar en solitario), pero que además ofrezca un espectáculo del nivel que marca su caché es algo que no mucha gente tiene la suerte de disfrutar. Y ayer, en el Movistar Arena, para sorpresa de muchos (o no), ofreció un show solvente que mantuvo al público enganchado prácticamente de principio a fin. Con sus altibajos, sí, pero por el que merece la pena pagar la entrada.
Antes del comienzo, la organización ya indicó que había un misterioso preshow a las 20:30, 40 a minutos antes del inicio del concierto. Pero si alguien esperaba la actuación de algún otro grupo, se quedó con las ganas. Porque únicamente se proyectaron videoclips de grupos variadísimos, desde Shocking Blue a Interpol pasando por Ramones o New York Dolls. Teloneros en pantalla. Así es Moz.
Y llegó Morrissey. Pandereta en mano. Flores en la hebilla del pantalón. Camisa abierta. Dándolo todo. “Madrid, Madrid, Madrid”, saludó, quién sabe si haciendo referencia al mítico chotis. Arrancó con Billy Budd y continuó con I Just Want to See the Boy Happy. “Gracias, buenas noches y bla, bla, bla”, comentó con cierta ironía justo antes de hacer su primera parada en el repertorio de The Smiths: Shoplifters of the World Unite, uno de esos temas que, como otros tantos, no aparece en ninguno de sus cuatro álbumes de estudio y que hay que buscarlo en los recopilatorios.
No hubo que esperar mucho para un segundo homenaje a la que fue su banda. Pero justo antes de A Rush and a Push and the Land Is Ours sonó First of The Gang To Die, uno de los singles de You Are the Quarry (2004), el disco con el que Morrissey resucitó en el arranque de este siglo tras siete años de silencio. Fue este, sin duda, uno de los momentos en los que la banda al completo, voz y e instrumentos, todos a una, ofreció un sonido más compacto.
Todo era casi perfecto hasta que entró en juego el nuevo álbum, Make-up Is a Lie. Un trabajo extraño, con ciertas cosas (no muchas) experimentales interesantes. Pero muy poca cosa para un artista de la talla de Morrissey. Kerching Kerching fue la primera de varias de las canciones de este trabajo que interpretó el músico de Manchester.
Pronto llegaron al rescate The Smiths con otro tema que puso al público en pie: How Soon Is Now? Las luces, el sonido, las pantallas con imágenes de Bruce Lee… Todo acompañó a la perfección a Morrissey en su ejecución vocal. Porque más allá de las espantadas, de las polémicas y de la edad (67 años), si hay algo que todavía le queda es voz.
Con Now My Heart Is Full siguió luciendo esa voz engolada con la que conquistó al público en su día. Pero, pese al esfuerzo, perdió algo de fuelle. Para compensar, se le vio más performático con Life Is A Pigsty, moviendo el cuerpo al ritmo de los golpes graves de bajo y batería.
Tras Make-up Is a Lie, la canción que da nombre a su último trabajo, comenzó a divagar sobre lo divino, lo humano y los dilemas de la vida del artista mientras chapurreaba a duras penas algo de español. Poco después, Sure Enough, the Telephone Rings, el momento más punky de la noche.
“Esta ha sido la canción elegida para representar a España en Eurovisión”, bromeó justo antes de tocar The Bullfighter Dies, una crítica contundente a la tauromaquia que incluyó en el repertorio muy consciente de dónde se encontraba. Todo esto justo antes de su penúltimo homenaje a The Smiths con I Know It's Over.
El tramo final del concierto fue una fiesta, un recorrido por algunos de sus grandes obras en solitario: Everyday Is Like Sunday y Suedehead, de Viva Hate (1988), su primer gran disco; o Irish Blood, English Heart, el otro mítico single de You Are the Quarry.
Y, aunque Morrissey no es muy dado a convertir sus conciertos en karaokes nostálgicos, para cerrar, There Is a Light That Never Goes Out. No podía ser otra. Pese a la algarabía general provocada por alegría del público, la voz del que fuera cantante de The Smiths volvió a brillar por encima de todo. Atrás quedaban bochornos como el de la cancelación en Las Noches del Botánico justo hace un año, anunciado pocas horas antes del concierto. Sus seguidores, cabreados en aquel momento y presentes ayer en el Movistar Arena, se lo perdonaron todo. Al menos, por un día.