Crónica: Concierto de Mac DeMarco en Barcelona, sala Razzmatazz (16-09-2026)

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Mac DeMarco (2025)

Redacción: Marcos Molinero

La expectación ante el primero de los dos conciertos de Mac DeMarco en una Razzmatazz con el cartel de entradas agotadas sorprendía y no sorprendía al mismo tiempo. Una pequeña legión de seguidores del canadiense esperaba ansiosa su regreso después de aquella frustrada actuación en el Primavera Sound, suspendida por la lluvia. El destino, caprichoso, quiso repetir la jugada: a mitad del concierto, todos los móviles se iluminaron con el aviso de Protección Civil alertando de una tormenta torrencial que se estaba desatando fuera. En caso de sequía, por favor, contraten al señor DeMarco.

Desde el arranque con For The First Time quedó claro que Mac atraviesa un buen momento. Feliz, radiante, con la sonrisa permanente y dejando la sensación de que los nubarrones personales han quedado atrás. Acompañado por cuatro músicos excelsos, basó el repertorio en Guitar y en una generosa selección de los mejores momentos de su discografía. La sala cantaba, daba palmas y celebraba cada una de las cucamonas del canadiense.

En cualquier otro artista, esa actitud de clown, mimo indie y antiestrella podría acabar sacándote de quicio. Pero DeMarco conoce perfectamente dónde está el límite y nunca lo sobrepasa. Tiene el carisma de quien parece improvisarlo todo y, sin embargo, controla cada gesto. Sweeter y Human Nature sonaron enormes. Salad Days adquirió el peso de un himno generacional y Little Dogs March se convirtió en un medio tiempo trotón, épico y revitalizador, como buena parte del repertorio.

Mientras la tormenta castigaba Barcelona, DeMarco repartía alegría entre sus feligreses. En directo, sus canciones crecen gracias a la banda, se expanden y adquieren nuevos ángulos y aristas. Por momentos tenía la sensación de estar viendo a unos Pavement hasta arriba de Valium, flotando entre la psicodelia amable, el pop deshilachado y una extraña sensación de bienestar.

Los invitados sorpresa quedaron más en la categoría de anécdota, aunque Yuki Kikuchi, fotógrafo de la gira, se llevó la palma. Por cierto: el libro que vendían en el puesto de merchandising, documentando la vida en la carretera junto a DeMarco, era una auténtica delicia.

Los mejores momentos llegaron en la recta final, especialmente con One More Love Song y, sobre todo, con la pequeña locura colectiva que provocó Freaking Out The Neighborhood. La primera noche de Mac DeMarco en Barcelona fue un éxito absoluto y salimos a la calle, bajo la tormenta, con una sonrisa en la cara, aunque regresar a casa acabara convirtiéndose en una odisea digna de ser filmada en IMAX por Christopher Nolan.

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