
Redacción: Javier Nieto
La noche era de las que obligan a buscar cualquier corriente de aire. El calor se mantuvo durante todo el concierto de Iván Ferreiro en el Multiusos Sánchez Paraíso de Salamanca. Afortunadamente, el recinto no presentó un lleno absoluto, algo que muchos asistentes agradecieron en una velada marcada por el calor dentro del recinto y que permitió disfrutar del espectáculo con una comodidad poco habitual en grandes citas estivales.
Con puntualidad casi británica, Iván Ferreiro y su renovada banda aparecieron sobre el escenario a la hora prevista, dejando claro desde el primer momento que la música sería la auténtica protagonista de la noche. La gira Hoy x Ayer, concebida como una celebración de sus 35 años de trayectoria, encontró en Salamanca una nueva parada para reivindicar un repertorio que conecta varias generaciones de seguidores.
Tras comenzar con el tema que da nombre a la gira seguido por Muertos y Toda la verdad, Ferreiro nos regaló su primer y prácticamente único intercambio con el público, en el que optó por una decisión que acabaría marcando el desarrollo del concierto: interpretar el repertorio de forma continua, sin apenas interrupciones ni discursos entre canciones. El resultado fue una experiencia fluida, casi cinematográfica, en la que cada tema enlazaba con el siguiente manteniendo intacta la intensidad emocional del espectáculo.
A medida que avanzaba la noche, quedó patente que el grueso del público conservaba un vínculo especial con la etapa de Los Piratas. Aunque las canciones de toda su carrera fueron recibidas con entusiasmo, fueron los clásicos de la banda viguesa los que provocaron las reacciones más efusivas, los coros más potentes y los momentos de mayor comunión entre artistas y público. Cada una de esas composiciones parecía activar una memoria colectiva compartida por buena parte de los asistentes.
Temas como Inerte, M, El equilibrio es imposible o la impecable Promesas que no valen nada seguida de Insurrección con Ferreiro sólo al piano fueron parte de esos momentos colectivos de gran auge durante la noche de ayer. En lo personal, Mi matadero clandestino, Jugar con los coches, Fecha caducada o Teching fueron los temas que más me transportaron a esos años de Los Piratas que no pude disfrutar en directo.
La banda se mostró compacta y precisa durante todo el recorrido, sosteniendo un repertorio que transitó entre la melancolía, la épica contenida y la sensibilidad que siempre ha caracterizado la obra de Ferreiro. Sin necesidad de grandes artificios ni de largas introducciones, las canciones fueron construyendo por sí solas el relato de una trayectoria que ha sabido mantenerse vigente durante más de tres décadas.
De su etapa en solitario Ciudadano A, El viaje de Chihiro, SPNB o Turnedo siguen siendo coreadas como auténticos clásicos del pop-rock nacional. Para cerrar el recital, volvemos a Los Piratas y Mi coco nos deja cansados y contentos. El público abandonó el recinto con la sensación de haber asistido a una celebración sincera de una carrera excepcional. Una noche calurosa, intensa y musicalmente impecable en la que Iván Ferreiro decidió que hablar poco era la mejor manera de dejar que fueran las canciones las que contaran toda la verdad.
Probablemente la cerveza y los colegas hacen que la vida y los conciertos se vivan de otra menara…pues larga vida a la cerveza y los colegas.