
Redacción: Alejandro Sanz
Hay películas a las que vuelvo una y otra vez. Una de a las que más es, la aquí llamada, Scott Pilgrim contra el mundo. Sí, la primera canción que se viene a la cabeza al pensar en ella es Black Sheep de Metric, pero también ahí estaba It's Getting Boring by the Sea de Blood Red Shoes. Y dieciséis años después aquí sigo, volviendo tanto a esta peli como a Blood Red Shoes, en esta ocasión repitiendo en Moby Dick.
Antes que ellos salieron al escenario los portugueses Bad Tomato, absolutos desconocidos para mí, ante una sala bastante vacía, desplegando su rock, que bebe de muchos sitios, desde el noise hasta el post-grunge. En la medida de lo posible, sus componentes no paraban de moverse, pero muy lejos de lo que probablemente hubiesen querido, ya que contaron con un escenario, que de por sí no es muy grande, reducido.
Aunque ellos imprimieron energía a cada pieza que interpretaron y Moby Dick iba presentando cada vez un mejor aspecto, siento que el público no llegó a conectar por las limitaciones que tuvieron. Más de una vez he dicho que un escenario se le queda pequeño a alguien, sin embargo, creo que nunca ha sido tan acertado.
A quienes resultó perfecto el tamaño fue a Blood Red Shoes. El dúo (no siempre) llegó para presentar Stay Lonely, abriendo con una de sus piezas, Start To End. No sorprendo a nadie si digo que tenía muchas muchas ganas de su actuación, pero estas desaparecieron durante los primeros instantes, ya que acompañaron a su salida, y a la mencionada canción, de una molestísima luz estroboscópica. Por suerte, según terminó esta, paró y sólo apareció de nuevo, y de manera testimonial, al final del show.
Pasado esto pude empezar a dejarme la voz. Y no fui el único, porque apenas habían pasado unos minutos cuando desde el público alguien soltó: “¡Y a Placebo que les den por culo!”, ya que también estaban tocando en la capital. Es más, Blood Red Shoes lo sabían y dieron las gracias por haberles escogido a ellos.
Como es habitual en ellos, el peso recayó en Steven Ansell, con su batería puesta en perpendicular respecto a los asistentes, siendo el que más se dirigía al público y animaba, incluso subiéndose en ella, algo que siempre me daba la impresión de que iba a acabar mal. Además, la descarga coincidió con su cumpleaños, ocasión que no se desperdició para felicitarle.
Quizá porque apenas era el segundo concierto de esta gira, o por cualquier otro motivo, vi a Laura-Mary Carter, normalmente reservada, más entregada, sonriendo, usando más el escenario, y eso repercutió en el show a favor.
Eso sí, si por algo se diferenció este concierto de otros fue por la participación de Dany, técnico que les acompañaba y que participó hasta en tres canciones tocando el bajo, Eye To Eye, In Time to Voices y God Complex.
Casi 20 temas, abarcando toda su discografía. Y aunque siempre me van a faltar algunos, para mí Blood Red Shoes son un seguro en directo, en especial por Steven, quien me parece uno de los bateristas que mejor sabe llevar una actuación. Un recinto y un escenario pequeño es perfecto para ellos, ya que uno grande quedaría, quizá, con mucho espacio vacío, aunque no me importaría ver cómo se desenvuelven en uno un poquito más extenso.