Crónica Arcade Fire en Barcelona, Palau Sant Jordi (21-04-2018)

22 abril, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Arcade Fire - Bilbao BBK Live 2016

Redacción: Dani Luengo

Nueva visita de Arcade Fire por nuestro país. Después de pasar las últimas veces por festivales -Primavera Sound, BBK Live-, tocaba centrarse en ellos, en su show, alejados de los distracciones e incomodidades de estos macroeventos. Era un noche de sábado para dedicar los cinco sentidos -literalmente- en el grupo canadiense en un directo que se presumía como uno de los importantes de la temporada en una ciudad como Barcelona, que no visitaban, PS a parte, desde 2010.

El mejor directo del mundo

En la gira de Infinite Content la banda de Win Butler, como de costumbre, cuida todos los detalles: hasta el punto de incluir vasos de plástico conmemorativos para las consumiciones. Put your money on me. En contraposición al último álbum, Everything Now, que desafortunadamente destaca por no haber conseguido dar una nueva vuelta de tuerca a la escena indie como hasta este momento habían hecho, el grupo ha dispuesto un tour para contrastar que en directo no hay una banda -o quizá un espectáculo- mayor. Y es que el despliegue de estadio de Arcade Fire puede encumbrarse perfectamente entre el top 10 de los eventos mundiales a día de hoy.

Fin de fiesta desde el inicio

La batalla por el cinturón del mejor directo del mundo comenzaba. Los espectadores tomaban posiciones y refrigerio (¡cerveza! en los susodichos vasos) para disfrutar del show, a la espera de que los aspirantes al título saltasen al ring. Llegadas las 21h40’, con algo de retraso sobre la hora fijada, el sexteto aparecía por uno de los rincones del Sant Jordi en medio de una presentación propia de un combate por los pesos pesados entre Mayweather vs McGregor y tras el preludio de la quinta sinfonía de Beethoven. Focos y cámaras preparadas.

El concierto fue una gran fiesta desde el inicio. El aspecto del Sant Jordi, a medio aforo, deslució en parte pero fue un hecho que a buen seguro todos los asistentes agradecieron. Ir al mejor directo del mundo y poder bailar y campar a tus anchas por el recinto es en parte algo extraño. El tema del aforo merece capítulo aparte pero quizá ya era hora que alguien se llevase un revés por el desorbitado precio al que están llegando algunos grupos.

Medio aforo, fiesta completa

¿Primer golpe en la mandíbula para el candidato? Puede ser, pero no habría más notas negativas para banda o asistentes. Tras el hit promocional que da título al disco, la alegre “Everything Now” digna de escuchar en bucle durante días, prosiguió “Rebellion (Lies)”. Dos temas, menos de diez minutos y ya todos nos habíamos dejado encandilar por la energía del grupo, sin excepción. Maravillados también con un escenario y un juego de luces propio de quien hace bandera de ser la mejor banda (indie) de la tierra. No hay peros. Se lo han ganado y  en esta exhuberante gira lo están certificando.

Here Comes The Night Time” fue el primer toque de Reflektor (Merge, 2013), perteneciente al cuarto disco de AF, luego “No Cars Go” (Neon Bible, Merge 2007) dio la primera pincelada del ya lejano segundo trabajo de estudio. Cuatro canciones y habíamos hecho un pequeño repaso a la historia de la música reciente.

Tot ara

La máquina ya estaba engrasada y no descarriló en 135 minuto a pesar de la velocidad endiablada y de no permitirse ni un receso o repostaje. Una juerga continuada de más de dos horas en la que tuvimos la sensación de estar en una celebración continua, según se sucedían uno tras otro distintas composiciones de la excelsa discografía del grupo de Montreal.

Del último disco se pueden extraer otras piedras preciosas para guarnecer el cinturón del campeón: “Electric Blue” o “Creature Comfort” tienen una mayor base electrónica que sirvieron para aderezar el concierto, que por momentos tuvo cierto aroma a música disco, con las inmensas bolas de espejo incluidas.

A mitad del espectáculo cayeron las piezas de mayor epicidad: una balada intimista como “My Body Is a Cage”, la apasionada “The Suburbs”, o la coreada y tarareable “Neighborhood #1”. La armonía banda-público se acentuó con los diferentes paseos que fueron realizando por el recinto Win y Reggine, adentrándose entre pasillos de muchedumbre. Los asistentes en todo momento se sintieron parte del show por lo acertada de la distribución del escenario, en medio del Palau, por estos paseos espontáneos, y por el momento mechero 2.0, cuando el recinto se llenó de linternas móviles, en “It’s Never Over” a cargo de la genuina Reggine Chassagne.

Reflektor”, “Afterlife” y “We Exists” cayeron en la parte final del grueso del concierto, dedicando una parte importante del mismo al ostentoso y grandilocuente pasado álbum. Los púgiles ya tenían todo a favor, era su noche.

 

Felicidad infinita

Lo que ayer quedó demostrado es el hecho de que los sentimientos se contagian; la alegría se contagia. Cada uno de los artistas que subieron al improvisado ring disfrutaron de su profesión transmitiendo alegría a raudales, ya fuera uno de los miembros del grupo, o cualquiera de los refuerzos del equipo de Arcade Fire a los teclados o a las cuerdas.

Para los bises llegó el apoteosis (obviando una apesadumbrada “We Don’t Deserve Love”), el siguiente salto de Arcade Fire llegaba en forma de orquesta de rock del siglo XXI: para el cierre subieron al escenario diferentes instrumentos de viento y percusión salidos mismo Nueva Orleans. En concreto miembros de la Preserveration Hall Jazz Band que habían ejercido previamente de teloneros. Más de lo mismo: disfrutaban ellos tanto o más que el público.

El lazo final, como es sagrado para el grupo canadiense, fue para “Wake Up”, que se ha hecho eterna. Creció y creció con una formación que superaba la docena de músicos. Pareciera que nunca fuera a acabar. Y así fue; los coros de la obra cumbre de Funeral (Merge, 2004) resonarán para siempre entre los asistentes.

Dos horas y cuarto y el regusto de haber asistido a un concierto memorable. Tanto es así, que en los pasillos en los baños del Sant Jordi, mientras la gente abandonaba el recinto, espontáneamente y durante más de 10 minutos se coreó el estribillo de Everything Now. A nadie se le hizo largo, perfectamente podríamos haber entrado en bucle para entrar en el concierto infinito.

Después de todo esto, si te estás pensando ir al concierto de Madrid, no lo dudes: habrá merecido hasta el último céntimo. Victoria por K.O.

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