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Crítica: Young Fathers - Heavy Heavy

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Young Fathers - Heavy Heavy

La atípica, extravagante y sobrecargada impronta del trío escocés Young Fathers hace que, una vez más, no podamos ver venir por dónde nos llegan las vastas arremetidas de su nuevo trabajo. Expertos en pintar con una muy particular paleta de color sus consignas, la formación natural de Edimburgo consigue en Heavy Heavy (Nina Tune, 2023), su cuarto álbum de estudio, derribar con la maza de su brillante lírica las barreras del etiquetaje y simplemente volarnos la cabeza con esa generosa mixtura en la que art-pop, hip-hop experimental, música electrónica y góspel se miran de tú a tú.

Detrás de Heavy Heavy hay sin duda un proyecto y una intención: la de no dejarnos indiferentes y de paso reafirmar que ninguna otra banda en la actualidad suena igual que Young Fathers.  Hay un deseo de ferocidad explícita, manifiesto a través de un juego percutivo primigenio que impacta con la producción vanguardista y siempre inconformista de Alloysious Massaquoi, Kayus Bankole y Graham Hastings, generando como resultado final una épica batalla de contrastes en la que su talento permite que salgan del todo victoriosos. Ácidos y con un mensaje no exento de compromiso social y político, Young Fathers demuestran no ser la primera banda escocesa en alzarse con un Premio Mercury por mera casualidad. Con ávido acierto, el trío irrumpe en nuestros oídos como un elefante en una cacharrería de la mano de Rice, una suerte de dub étnico lleno de matices salpicados por la melosidad tonal de Massaquoi y que con su mordaz lengua lanza sendas referencias, cometidamente explícitas, hacia la explotación de recursos naturales en África. Con menos cortapisas (y con dejes un tanto gorillazescos) se revelarán líneas similares en Ululation, un llamativo homenaje al canto zulú entre radiantes teclas que proclaman la principal intención de este disco: generar euforia y conducirnos hacia la regocijante luz, aunque las adversidades hagan su labor por torpedear este fin.

Un optimismo que no peca de vacuo y que tal vez encuentre su poso más literal en cortes como Geronimo (“Most of my life I’ve been thinking got the feeling that I’m caught in a bind / Being a son, brother, uncle, father figure / I gotta survive and provide”), sin obviar ese torrente de energía cruda que exudan pistas como Drum (“Hear the beat of the drums and go numb / have fun / go on”), los samples corrosivos e inquietos que encumbran Shoot Me Down como una pieza dance oscura rotunda, simplemente ideal para bailar y dejarse flotar, contrastada por el traqueteo nervioso y radiante de Sink Or Swim (“So much water not a drop to drink, and my heart is saying let’s beging”).

Un torbellino voraz y directo de apenas 33 minutos que convierte cada pista en única y al mismo tiempo preserva una coherencia compartida, unida por un mismo hilo: el de una poesía expansiva que transita entre paisajes atávicos y caóticos con el propósito final de cantarle al mero hecho de estar vivos.

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