Crítica: Woodkid For Nicolas Ghesquière - Louis Vuitton Works One

[kkstarratings]
21 mayo, 2019
Redacción: dod Magazine

Woodkid For Nicolas Ghesquière - Louis Vuitton Works One

Redacción: Miguel Vico

No sorprende ni un poco que Yoann Lemoine sea realizador y diseñador gráfico. Bajo el pseudónimo “Woodkid” para el gran público, el francés siempre se ha caracterizado por producir poco pero con una calidad que parte de la excelencia. Recientemente el artista ha publicado un nuevo trabajo de nombre considerablemente complejo: Woodkid For Nicholas Ghesquière - Louis Vuitton Works One. En un trabajo dedicado al director creativo de la lujosa marca de moda, el artista da un paso más y llama nuestra atención, buscando ser uno de los músicos de electrónica más profundos e innovadores de la escena.

Después de sus grandísimos éxitos Run Boy Run e Iron, temas reconocibles para el gran público, el artista volvió durante años a relegarse a un segundo plano. Él se siente más cómodo en este espacio, a Woodkid le gusta hablar a un público pequeño. Como si de un secreto se tratara, las composiciones del francés se susurran al oído. Es así como la magnificencia de sus sonidos profundiza hasta lo más hondo de nuestra psique humana y desarticula por completo las ideas que uno tiene preconcebidas. La mayor expresión en este sentido era, hasta el momento, la increíble pieza L’aérogramme de Los Angeles, pura catástrofe hollywoodiense amenizada por voces de corte celestial y un piano que, entrelazado con un grupo de cuerdas, presiona cada uno de tus sentimientos hasta el punto de la insostenibilidad.

Esta obra es indudablemente referente directo y estricto del EP que ahora se nos ha presentado. No debemos esconder la realidad, esta es una obra que no tiene ninguna intención de gustar. Woodkid no pondrá absolutamente nada de su parte para ayudarte a entender lo que vas a escuchar. Porque ésta es su mayor expresión musical hasta la fecha, su pieza definitiva, un trabajo tan preciso y cuidado que cualquier atajo sería un fracaso para su delicadeza.

A la hora de precisar cómo nos conmueve cada tema, Winchester, por ejemplo, nos transporta al cine, a una escena de pura intriga y acción. Visualizo en mi mente: un asalto a la intimidad de una vieja amiga ya olvidada, una escena en la que Woodkid recrea una tensión que hormiguea por nuestros oídos, desenlazando en un abrupto silencio. Un silencio que corresponde al tiempo que se tarda en pausar en la respiración, tragar saliva y prepararse a oír una respuesta con toque pretérito. Nueve minutos y cuarenta y cuatro segundos componen la mejor pieza con diferencias del proyecto. On Then And Now, se cimenta con la voz de Jennifer Connelly y me transporta por completo a otro plano, provocando una sinestesia auditivo-visual que muy pocas veces he llegado a experimentar. “My / Now / My / Now / My / We / Now / My / Must / Maybe / Maybe / We’ll / See / Maybe we’ll see”: la letra de la canción empieza demasiado deformada como para comprender nada. Pronto las palabras empiezan a unirse, empiezan a ganar significado, a cobrar profundidad. Los recuerdos de una mujer golpean nuestros errores en vida mientras de fondo esas voces angelicales de “L’areogramme” regresan para incitar a la batalla, a una guerra en la que solo permanecen en el basto recuerdo de la cantante. “Maybe we’ll see”.

Estas voces angelicales ya han estado presentes antes dentro del proyecto, desde el mismo comienzo del EP con Carol Nº1 y posteriormente en Otto escuchamos este trabajo coral que bordea con gusto lo tétrico y lo celestial. Seen That Face Before nos permite escuchar la grave voz del productor y marca la pieza más pausada del ejercicio. Standing On The Horizon recuerda inevitablemente al también excelente productor James Blake. Quizás por la participación de Moses Sumney dentro del tema, pero se asemeja tanto a la producción de James Blake que acabaría desmereciendo su posición de no ser por una producción orquestal que no tiene iguales.

Quién no quisiera que le dedicaran una obra así. Aquel que escuche esta composición debe sentirse afortunado de disponer de los medios para poder llegar a ella. Porque quizás no trascenderá en la historia de la música, quizás no se convierta en el EP más popular, pero hablamos de una producción tan sumamente enriquecedora y particular que, previniendo el menosprecio de una generalidad que rechaza la rareza, debería casi haber quedado relegada para la escucha de los dos individuos a los que pertenece esta obra. Woodkid for Nicholas Ghesquière es un secreto que no todos pueden escuchar, una mirada que desafía todo lo que hemos escuchado y nos pregunta sin rodeos: ¿eres capaz de plantarme cara?

MÚSICA RELACIONADA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

cross-circle
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram