Crítica: Wilco - Ode to Joy

23 octubre, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Wilco - Ode to Joy

Redacción: Dani Luengo

Hay un principio sobre el que debemos volver recurrentemente cuando sentimos que algo se nos va de madre. Y es el de la simplicidad. Siempre nos dará una perspectiva más clara, ayudándonos a separar el ruido de la paja, a mitigar el alboroto que existe alrededor de la idea en la que queremos enfocarnos o sobre el propósito que buscamos.

‘Mantenlo simple, estúpido’. Es lo que parecen haberse dicho Wilco a sí mismos en sus dos últimos trabajos y que refrendan en Ode to Joy (dBpm Records, Octubre 2019). Profesionales de su sonido, incomparables en esencia, parece que después de haber experimentado entre las distintas aristas del indie rock y el folk-rock durante diferentes etapas en sus 25 años de carrera -veanse The Whole Love (2011) o A Ghost Is Born (2004)- el sexteto se dedica sin complejos a lo que son realmente buenos sin necesidad exponer demasiado -¿o es falta de ganas? ¿o quizá de energía?- El caso es que se dedican a hacerlo sencillo, como ya ocurrió con las dos últimas entregas -Schmilco (2016) y Star Wars (2015)- que pasaron entre crítica y público con más pena que gloria, pero esta vez más algo atinados.

Oda a la simplicidad

La suma de arreglos y de instrumentos en ocasiones puede resultar acertada, pero hacer algo vanguardista no tiene porqué ser sinónimo de un trabajo recargado, enrevesado y sólo descifrable por unos pocos. Incluso lo más simple en apariencia puede tener una elevada complejidad. Esta es la filosofía del decimoprimer álbum de los de Chicago, un trabajo sin más pretensiones que la de ofrecer un nuevo reclamo para sus seguidores más acérrimos. Un disco en ocasiones apagado, desnudo de artificios, que logra hacer sencillo lo más difícil: llegar nuevamente a los oídos de quien quiere escuchar.

“Bright Leaves” no nos hace levantarnos de la silla, todo lo contrario. Nos invita a acurrucarnos, a dejarnos embriagar por el calor de casa en las tardes de invierno. A valorar las pequeñas cosas, a no necesitar ‘grandes’ viajes o experiencias. Seguidamente “Before Us” mantiene el tempo. Sosegado, cercano. La canción nos resulta familiar, algo siempre agradable. Esta y otras piezas bien podrían parecer sacadas de descartes para el Sky Blue Sky (2007). Un inicio bastante plano y algo apocado hasta que suena una “One and a Half Stars” que va creciendo según avanza su historia. Desgranando el disco, espeso en ocasiones, damos con un tema algo más arriesgado pero también con la reconocible marca de Nels Cline. “Quite Amplifier” contiene una base rítmica sostenida sobre la que la voz de Tweedy se apoya y que cuenta con unos acordes certeros pese a en ocasiones parecer desorientados. La luz llega brillando para todo el mundo con la sonriente ironía de “Everyone Hides”, segundo sencillo previo a la salida del LP. Aquí sí, aunque te escondas, te puedes levantar de la silla y contonear las caderas.

El mismo halo de sencillez que cubre el álbum, portada incluida, se percibe en la duración de los tracks. Costumbristas incluso en este detalle, dejando atrás las composiciones que se reinventaban a sí mismas dando vueltas y girando sobre ellas o enlazando diversas micro-piezas, llamémosle así, en un mismo corte. Tuvimos suerte de escucharlas, aún podemos disfrutarlas, pero en esta etapa para Tweedy y compañía esto ya no toca. Las canciones tienen una duración homogénea de entre tres y cuatro minutos y sólo un tema supera los 5’ de duración.

Pero volvamos a sentarnos, pues la blanca señal de “White Wooden Cross” nos indica que no estamos en ninguna fiesta. Retomemos pues, aunque sea con aroma a cerveza artesana en una tarde lluviosa, como nos invita una composición que se ayuda de ocasionales acordes de piano. El disco no es de fácil digestión con honrosas excepciones como ocurre con el tema que se lanzó como primer adelanto, “Love Is Everywhere (Beaware)”. Los dos sencillos son sin duda las dos piezas más reconfortantes. Anomalía que bien puede verse como el epicentro de Ode To Joy a pesar del reinante tono melancólico que las rodea. Es en ellas donde aflora la oda a la alegría sobre la que versa el álbum.

Degustemos por tanto esta nueva entrega de los de Chicago a la espera de disfrutar de la banda en directo, presumiblemente para 2020. Pero no nos avancemos, cada cosa a su tiempo. Ahora toca coger una copa de vino, encender la calefacción -aunque lo suyo sería arrimarnos al fuego de la chimenea- y ver pausadamente caer las brillantes hojas que nos trae el otoño. Y hagámoslo acompañados de una nueva entrega de Wilco. Nada más y nada menos.

 

Festivales, grupos y discos de la notícia

MÚSICA RELACIONADA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cross-circle
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram