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Crítica: Westerman - An Inbuilt Fault

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Westerman - An Inbuilt Fault
El sudoeste de Londres se transforma en un árido y decadente escenario western cuando lo observamos a través del prisma sepia y marronuzco de la lánguida mirada del artista británico William Westerman. A pesar de que fueran las calles y los locales de open mics ubicados en la big smoke los puntos que hayan visto realmente crecer la carrera de Westerman en los últimos años –siendo éste reconocido, además, como uno de los mejores cantautores de folk y música country en la capital por la Unsigned Music en 2016-, ese imaginario de cowboy desolado, que destilan sus melodías con olor a zarzaparrilla y corazón roto, bien podría pertenecer a algún indómito rincón de la América profunda. Un universo narrativo y estético que el cantante siente como suyo y explora de forma arrebatadoramente bella en An Inbuilt Fault (Partisan Records/PIAS, 2023), su segundo álbum de estudio y una preciosa cápsula que condensa en sus nueve cortes estos últimos e intensos dos años, marcados por el aislamiento, la soledad, la angustia y el miedo.

Mientras que en su pretérito y aclamado debut, Your Hero Is Not Dead (PIAS, 2020), Westerman nos presentaba un escenario en clave lo-fi, delimitado por sintetizadores minimalistas y una producción casera que inspiraba intimidad y calidez, para su segundo trabajo el británico ha decidido apuntar hacia miras más ambiciosas, contando con nada menos que James Krivchenia de Big Thief en la producción y elevando a una categoría superior el paisaje sonoro que su característica voz, sacada definitivamente de otra era, es capaz de crear. Un síntoma de madurez, no solo expresado a través de su sonido, sino también de la mano de unas letras directas y confesas, donde el artista admira con perpleja desubicación la forma en la que el mundo ha cambiado en los últimos años.

El tinte cinematográfico que percibimos cuando atravesamos la melancólica dulzura de sus pasajes no es baladí, pues el propio Westerman confiesa haberse inspirado para sacar punta a sus historias en el clima propio de iconos del celuloide como El Séptimo Sello de Ingmar Bergman o Vivir (Ikiru) de Akira Kurosawa. Referentes que, sin duda, nos ayudan a entender mejor la complejidad de un disco que bien podría funcionar como la banda sonora del camino de un héroe que va en busca de respuestas. Para encontrarlas, Westerman primero lanza al aire las preguntas, algunas sugeridas por hechos tan atroces de nuestra historia reciente como el asalto al Capitolio del pasado 6 de enero de 2021 (Idol;Re-run) o por su incansable deseo de entender por qué los seres humanos nos comportamos como nos comportamos (Help Didn’t Help At All). Aunque su identificativo falsetto conceda pocas alteraciones –puntualmente, le veremos sacar su lado más ensimismado, a lo Mark Kozelek, como apreciamos en CSI: Petralona-, la diversidad real de An Inbuilt Fault reside en la capacidad de su artífice para lograr que los arreglos de sus pistas transicionen a través del folk más puro y el jazz más etéreo, pasando incluso el rock’n’roll más arquetípico (Pilot Was A Dancer), de la forma más natural y orgánica posible.

Cuerdas, vientos, teclas y percusiones que Will emplea a las mil maravillas para conseguir abrirse con total y absoluta crudeza, realizando de este modo un brillante ejercicio de auto-exploración y ahondando en temas tan personales como universales, gracias a los que lograremos identificarnos, sintiendo que sus particulares diatribas sobre el desnaturalizado desamparo son también un poco nuestras.

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