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Crítica: 'Vértigo' de Rigoberta Bandini

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Libro 'Vértigo' de Rigoberta Bandini

Que Paula Ribó ha sido la artista más icónica de nuestro país durante los meses recientes es una redundancia incontestable. Desde su irrupción en la escena nacional, suministrando píldoras pegadizas y transformadas en himnos instantáneos, hasta haber estado a punto de convertirse en toda una representante de nuestro Estado con posibilidades de mucho en aquel famoso festival de la canción que todos conocemos. Sus pasos han sido agigantados y aclamados por un público diverso que la ha trasladado sin debates a lo más alto, principalmente por esa forma única de ir abasteciéndonos por medio de sus canciones con pequeñas porciones de verdad que conectaban con el sentir de varias generaciones y que asomaban a través de sus memorables metáforas y deliciosas melodías.

Sin embargo, la mujer que habita dentro de ese personaje que lleva más de dos años enamorándonos con cada una de sus creaciones comenzó a desdibujar las líneas de esa sobrecogedora desnudez emocional mucho antes de concebir al fenómeno musical que hoy día conocemos. Con el crucial compromiso de la editorial y compañía multidisciplinar Círculo (engendrada bajo el seno de Marta Albert), Ribó se lanzó de pleno a auto-editar sus primeros textos en 2019, abriéndose en canal al exterior por primera vez. Tres años después, y con una carrera musical consagrada, estos relatos tienen una segunda vida a partir de una preciosa edición que nos brinda la editorial Verso&Cuento y Aguilar Libros en colaboración con Penguin Random House.

Después de estos intensos años en los que hemos aprendido a amar la lírica y la retórica de Rigoberta Bandini, su alter ego nos permite ahora recuperar un cuaderno repleto de reflexiones propias en las que nos narra las idas y venidas de esa persona que se aproxima a la treintena con una mezcla interna caracterizada por el miedo, la incertidumbre, la osadía y la imprudencia. Una imperfecta mirada confesional al vacío cuyo título no podría haber sido otro que no fuera precisamente “Vértigo”.

Vértigo” es un cajón desastre, confeccionado en formato de escritura terapéutica, que recopila las plurales direcciones de una transición vital con la que es fácil conectar y que nos revela a la Paula Ribó más confesional, liberada, cruda y genuina. Con la inspiradora sombra del “Lo Raro Es Vivir” de Carmen Martín Gaite planeando sobre su imaginario, la actriz, cantante y artista barcelonesa se embarca en la nada desdeñosa aventura de ponerle palabras a una evolución personal que pasa por expresar las emociones enfrentadas tras una ruptura y el duelo afrontado ante la multitud de caminos y devenires que se trazan a partir de ese giro de guión. Será precisamente desde un aura cinematográfica –fruto de la deliciosa imaginación de la que Paula hace gala en cada capítulo- la que nos lleve de la mano por este crecimiento, que no por transitado deja de estar exento de requerir guías.

El libro se presenta como una colección de relatos auto-conclusivos pero hermanados por un sentir común: el proceso de prepararnos para el gran salto al vacío. Ese momento en el que, en palabras de la propia Ribó, “una empieza a darse cuenta de que la vida va en serio” y en el cual, a partir de un sinfín de paralelismos y símiles, la propia autora encuentra los elementos esenciales para confeccionar una narrativa a caballo entre lo vivido y lo soñado. Nos hablará de una Suecia onírica y de una confidente chilena de nombre Rafaela como protagonistas secundarias de este juego de retóricas en las que esta “adulta a medio hacer” traza los pronósticos de un gran viaje, demostrándonos con exquisito gusto que se mueve como pez en el agua en el ducho arte de las metáforas (“Yo era una niña feliz, alegre, altruista y ahora soy una semi-adulta en Estocolmo”).

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Asimismo, y en un gesto más de convertir este “Vértigo” en un caótico ejercicio de liberación y expresión privada, Paula se revela como una gran amante del género epistolar y nos concede el gusto de sentir que estamos cotilleando su correspondencia personal con unas simpáticas cartitas que vienen adheridas entre los capítulos y donde su artífice ahonda entre divagares en cuestiones más íntimas, si cabe.

Entre puertas que se cierran y otras que, sorpresiva e inesperadamente, se abren, también se encienden una sucesión de debates internos y meditaciones que, como si del exoesqueleto de una vasta construcción se tratase, nos descubre el caldo de cultivo que años más tarde acabaría originando y regalándonos a la Rigoberta Bandini que hoy conocemos. Pero ante todo “Vértigo” es esa inyección de aliento que todos necesitamos en los momentos previos a coger carrerilla ante una gran aventura. Ribó lo lleva a su realidad personal, pero es precisamente gracias a su prosa intergeneracional que sus reflexiones no solo infunden el coraje requerido para alcanzar la treintena, sino que nos dota de esa inspiradora potestad de sentirnos fuertes ante la arriesgada y en ocasiones ingrata tarea de enfrentarnos a cualquier inmensidad y al ritmo natural y cambiante de la vida misma.

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