dod letter

Crítica: Triángulo de Amor Bizarro - SED

[kkstarratings]

SED - Triángulo de Amor Bizarro

No hace falta gozar de dos décadas de reconocimiento profesional en el sector, ni formar parte de una de las bandas más influyentes y célebres del panorama nacional para terminar conectando con las contradicciones y subjetividades de algo tan universal como los pormenores que envuelven el éxito. Un propósito de esclavista y mutante tipificación, que evolucionará entre ambiguos y agridulces significados, de acuerdo a quien le preguntes, pero siempre manteniendo un invariable punto común: el irrefrenable y voraz deseo del ser humano por querer tener más.

De las muchas lecturas que se pueden rescatar de SED (Mushroom Pillow, 2023), la particular reflexión y análisis que los gallegos Triángulo de Amor Bizarro realizan sobre el valor de nuestras pericias y la insatisfacción perpetua a la que éstas nos arrastran, probablemente suponga el origen de uno de los trabajos más completos que su trayectoria reciente nos haya concedido. Pues ya no solo hablamos de un proyecto que nos brinda con efectividad y acierto todas las aristas y registros que más nos gustan del cuarteto de Abanqueiro (un poco de post-punk, otro poquito garage, que si new wave, ahora noise-rock), sino que también se nos entrega un sublime diálogo por medio de un arco argumental, casi conceptual, que nos atrapa por su poesía, su carácter cinematográfico, y su indudable capacidad para que lo hagamos sentir nuestro. Y es que lo que a todas luces queda demostrado con su inicial disposición, es que las doce piezas de SED no ocupan un lugar casual en el disco, sino que el planteamiento y posición de las mismas contribuye a embriagarnos gracias a una narrativa casi insólita en su historial, donde cualquiera de los presentes puede ser el protagonista.

Los gallegos ponen muy alto el listón desde su primera pista, una Estrella Solitaria, a camino entre la fragilidad del dream-pop y la festividad de New Order, que entra de lleno en la lista de mejores temas que la banda haya pergeñado a lo largo de su carrera. Si serán capaces de superarse o de mantener el nivel, nos lo responden con sus sucesivos derechazos, esta vez al cargo de Rodrigo en las voces, sacándole punta al lado más corrosivo y ruidoso de su instrumentación y acompañando la trama de ese artista ahogado en sus recuerdos (“¡Eh, muchacho! Yo invito / la música que haces tiene corazón / Dispara tu sangre hacia sus boca / Cómprate un yate y abandona a tu familia”, cantan en boca de un ladino y embaucador productor musical, capaz de prometernos el oro y el moro en Cómprate Un Yate). De forma correlativa y complementaria llegamos al apogeo del hedonismo con una grotesca y retorcida caricatura de los logros alcanzados como respuesta a una vida entregada al exhibicionismo creativo (“Pero los años pasan, tus discos son sólo plástico / Eras el rey del plástico y las luces se apagan / Bebiendo gasolina, esnifando petróleo / ¿Ha merecido la pena?”, se preguntan en Huele A Colonia Chispas), reparando sin remedio en una reflexiva montaña de divagaciones que insisten en recordarnos hasta qué punto la vida pública del artista es propiedad propia o compartida (“Soy sólo alguien que busca lo que es suyo”, lamentan en la brillante La Espectadora).

A partir de aquí, y tras una explosiva y fulminante Estrella Antivida, comenzaremos a ver la cara más ácida de Triángulo de Amor Bizarro, esa que tantas y tan buenas letras nos ha dejado siempre y que contribuyen, desde su particular parcela, a ridiculizar ciertas fallas de nuestro sistema que bien se merecen ser señaladas (“Él, es punki pero no tanto / Torturando aspirantes cuando va de jurado”, escuchamos en la casi mesmerizante Él; o esa libre de metáforas Cripto Hermanos, que dejará las cosas claras con divertidas y ásperas diatribas, como esa “De la criptocracia a los cromos del FIFA / La parroquia incel se contonea, los foros echan fuego, las monedas caen / Lágrimas empañan la pantalla”).

La culminación de este fresco, que ilustra tan bien la decadencia y la volatilidad del poder, acontece con una vaporosa y extensa balada titulada La Condena, con la que a través de sus melodramáticos e histriónicos versos (“Que no sería sólo una aparecida, castigada en mi sueño / Como una alma en pena”) se presiona el punto final más bello que se le podría entregar a una tragedia moderna de semejantes magnitudes. Un arrebatador encanto el de SED, que vuelve a recordarnos la valía de una de las más sólidas propuestas de nuestro indie patrio y por las que merecerá la pena recorrerse la geografía de nuestro país este verano, a bien de ver en directo sus nuevas joyas.

MÚSICA RELACIONADA

chevron-uptwitterfacebookwhatsapp linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram