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Crítica: The National - First Two Pages of Frankenstein

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The National - First Two Pages of Frankenstein

De las huellas de un aciago y crudo 2020 no se libró ni el más pintado, y con el tiempo, así nos lo ha hecho saber el propio Matt Berninger, quien tras haber contactado con su lado más existencialista de la mano de su debut en solitario, titulado Serpentine Prison (Concord Records, 2021), confesó sin filtros haber entrado en barrena artística y sufrido un bloqueo creativo que incluso llegó a tentarle con la posibilidad de anunciar el fin de The National. Fuere como fuere, la banda natural de Cincinnati logró desencallar de este punto muerto, rentabilizando la crisis de mediana edad como solo ellos saben y firmando con su noveno álbum de estudio, First Two Pages of Frankenstein (4AD, 2023), el que a todas luces es uno de los mejores discos de su historia reciente.

Si semejante sentencia te parece muy aguerrida por nuestra parte, a nosotros no se nos viene a la cabeza otra que pueda definir mejor las sensaciones que nos envuelven desde el primer juego de teclas que se nos ofrece en Once Upon A Poolside. Una balada a piano, sobrecogedora y cruda, que junto al cameo etéreo y reducido a la mínima expresión de Sufjan Stevens, supone, a nuestro particular juicio, uno de los mejores actos de apertura en un álbum de The National que recordamos hasta la fecha. El pretexto idóneo para que su sucesiva entrega, titulada Eucalyptus, nos genere ese amor a primera escucha tan propio de un hit al uso, echando mano de un estribillo pegadizo y orgánico, susceptible de convertirse en himno automático desde el primer momento en que éste sea compartido con una audiencia presta y dispuesta a corearlo al unísono (“You should take it, cuz I'm not gonna take it”, clama la banda en ese reparto de bienes que da cuerpo a un hipotético relato de divorcio). Con el tono cogido, no es casual que la dinámica de la banda nos haga entrega de su habitual nostalgia, adictos a clavar sus miras en el pasado y arañar esperanzas en los últimos alientos de una vivencia (“I keep what I can of you, split second glimpses and snapshots and sounds”) con la melancólica New Order T-shirt, una balada folkie que nos remite a sus mejores temas. Y es que esa inevitable sensación de estar topándonos con la mejor versión de Berninger y compañía nos va a perseguir hasta en los capítulos menos vistosos del álbum, aquellos en los que la banda se ve perfectamente capaz de encontrar el ritmo hasta en los contextos menos proclives (Alien) o en los que directamente y con intención, buscan conectar con su espíritu regular y habitual, recordándonos a sus más icónicos clásicos (Grease In Your Hair).

A pesar de la emotividad que desprenden sus versos, es inevitable sentir que This Isn’t Helping se queda a medio gas de lo que cabría esperar de la participación de Phoebe Bridgers en esta ecuación, reducida al mero acompañamiento vocal tanto en ésta como en su siguiente participación en el álbum (“You inherited a fortune from your mother's side, your sister didn't get it at all, she survived”, desnuda de forma reveladora Berninger para la maravillosa Your Mind Is Not Your Friend, donde a pesar del grado confesional que muestra su discurso, nuevamente quedamos a expensas de escuchar más de la buena de Phoebe). Por contra, a quien sí tenemos el gusto de oír alto y claro es a Taylor Swift en su colaboración para The Alcott, donde la madurez expresiva y artística expuesta a través de su reciente discografía logra convencernos de que este cruces de voces, lejos de desentonar, se convierte en uno de los peaks particulares del álbum, creando un terreno generosamente compartido entre ambos mundos y ofreciendonos un estribillo tan potente (“It’s the last thing you wanted, It’s the first thing I do / I tell you that I think I’m falling back in love with you”), que la sitúan a la altura de aquella Exile que Swift firmó con Bon Iver.

Con todo, First Two Pages of Frankenstein no solo nos cerciora, nueve álbumes después, de la habilidad ya conocida de sus responsables para adentrarnos en un mar de espesa bruma y desolación, a través de relatos de amor caduco y languidez perenne, sino que también hace las veces de particular faro y guía para las más angostas travesías que les hermanan con sus oyentes. Una marca de agua que queda registrada en esa Tropic Morning News, dispuesta a romper la baraja del melodrama, tirando bien de percusión y reverberación, con el fin de zarandearnos de los hombros y devolvernos el dictado más comunitario y colectivo de una banda a prueba de balas, dispuesta a escribir a partir de ahora las mejores páginas de su nueva etapa.

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