‘The echo of pleasure’ – The pains of being pure at heart [Crítica]

12 octubre, 2017
Redaccíon: dod Magazine

The pains of being pure at heart - The echo of pleasure

Redacción: Andrea Genovart

The Echo of Pleasure (2017, Painbow Music) podría suponer, para el quinteto, el principio de una nueva era. Lo es cada nuevo lanzamiento, suficientemente distinto al para establecer lazos de ruptura con lo precedente y, hasta la fecha, con lo venidero también. Ya estamos acostumbrados a que el grupo nos sitúe en un buscaminas con sus nuevos cambios de registro y formación; así pues, nos han vuelto a hacer jugar a ello, persiguiendo y descifrando sus nuevos movimientos.

Dream pop del XXI. La nebulosa hiperproducida construida a manos de referencias como M83 o The Radio Dept. Ese es el sonido a qué ahora se acercan con The Echo Of Plesure. Coros femeninos un poco eclipsados y una potente intro de sintetizadores con My Only y The Garret, la percusión marcada de un estribillo noventero simplón con Anymore o el impactante tema disco When I Dance With You que bien podrían confundirse con uno de Urban Code. Es cierto que conservan alguna faceta indie - rock con el tema homónimo al título del disco, con Falling Apart So Slow o The Cure Of Death. No obstante, quedan lejos de ese tipo de fuerza ruda de aires Sonic Youth de su primer LP; se trata de un sonido actual, tan moderno que hace imperceptible los resquicios de cualquier estadio fundacional.

Poco hay en este nuevo disco del sonido entre The Jesus and Mary Chain y Camera Obscura de Belong (2011), o aquel noise pop propio de unos Dinosaur Jr en su debut The Pains Of Being A Pure Heart (2009). Ya desde Days Of Abandon (2014) asistimos a una sofisticación que reniega de las influencias shoegaze y diluye un poquito más ese tanteo con el twee pop tan característico del quinteto. Se trata de un revestimiento que lleva la edad de nuestro presente más inmediato, que camufla toda seña de identidad como también las primeras asperezas con las que irrumpieron en el panorama internacional. Esta vez, el teclado ha desbancado a los instrumentos de cuerda de modo oficial y las sospechas de asentarse un poquito más en marco electrónico se han hecho realidad. Eso sí, igual que los años pasan con sus cambios implícitos, éstos también han dejado atrás esa faceta infantil que les solíamos asociar. La potencia - que no ruido - aumenta y con ella los ritmos rápidos y de baile. Se cambia el movimiento de cabeza por el de cadera, y una iluminación basa en sombras por otra pigmentada. Y es que, para gustos, colores. Eso sí, de los que se llevan.


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