Crítica: Tamino - Amir

13 diciembre, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Tamino - Amir (2018)

Redacción: Andrea Genovart

Pocas veces sucede que saques un disco debut con 22 años y te comparen con Jeff Buckley. Pocas veces sucede que el bajista de Radiohead se sienta fascinado por tu música, que apenas tiene recorrido, y acabe por colaborar en un tema de tu primer disco (concretamente en Indigo Night). En este 2018 ha sucedido pocas veces pero una de ellas lleva un nombre indiscutible y éste es el de Tamino, nombre del príncipe y voz tenor de La Flauta Mágica de Mozart. ¿Casualidad? Probablemente no.

Este joven prodigio mitad belga mitad egipcio, que marchó a Amsterdam para estudiar en el Real Conservatorio de la ciudad, acaba de lanzar su primer disco Amir (2018, Communion Group), del que solamente le han llovido reacciones positivas de una crítica estupefacta. Estupefacta y descolocada porque, la verdad, no estamos acostumbrados a oír voces jóvenes con tanta profundidad y solemnidad, de esas pertenecientes ya no de una etapa adulta sino de otra época más romántica. Lo propio de ser joven es identificarse con aquello que no tiene norma y rompe lo establecido y, en música, eso suele traducirse con bandas empapadas con  mucho noise que juguetean con los sintetizadores y todo lo que pueda colaborar a un efecto de divertida distorsión.

Así pues, lo que precisamente es Tamino no es representativo y, por eso mismo, es motivo de fascinación: su forma de enfrentarse al mundo es desde una apuesta minimalista pero llena de emoción. Eso es lo que hace este músico y, de un modo tan espeluznantemente sincero, que puede llegar a incomodar. Su apuesta se resume fácilmente: sus canciones tienen un tono íntimo y melancólico, con una parte vocal indiscutiblemente protagonista, que canta sobre la vida y el desamor haciendo que cada palabra mencionada cobre una dimensión de peso de plomo. Una viaje hacia el sentido más crucial de la existencia, planteada por alguien que empieza a conocer la vida adulta y la magnitud de los pasos que conlleva: “You know some people ’d rather not exist / They put a gun to the heart or a knife to the wrist / We ought to think they aren’t smart / It could be something I missed”, canta en Cigar, que ha confesado ser su primera composición.

Cabe destacar que la ascendencia árabe de este joven belga. Y esa influencia es perceptible en su música haciendo de ella algo totalmente sutilmente novedoso y especial. Nos referimos, sobre todo, a canciones como  w.o.t.h. o Each Time; o Habibi, “mi amor” en árabe y con un falsete inusual en el mercado musical de hoy en día, que explica comparaciones hasta con Thom Yorke o Adele. Con todo ello, podríamos decir, pues, que Amir ha llegado al límite de finales de este año pero consolidándose sin esfuerzo como un rara avis en su especie y, a la vez, como una larga promesa con tanto recorrido como sorpresa ha generado.

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