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Crítica: Susanne Sundfør - Blómi

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Susanne Sundfør - Blómi

 

La ola de calor que nos está sacudiendo estos días nos pide a gritos refugiarnos en un relato gélido y glacial que nos haga olvidar, momentáneamente, de las prematuras y tórridas temperaturas que nos asolan con escasa tregua. Para ello, nada como sumergirnos en el imaginario escandinavo de Susanne Sundfør, quien tras tres años de silencio y seis sin publicar un trabajo en larga duración, saca a relucir sus raíces nórdicas en el majestuoso y bello Blómi (Bella Union/PIAS, 2023), su sexto álbum de estudio y toda una oda al origen y la raíz.

En el umbral del álbum nos sonríen de forma cálida dos personas: el teólogo y lingüista Kjell Aartun, y su joven nieta, la propia Susanne Sundfør, quien dedica este disco a la memoria de su abuelo y a su recién nacida hija. Un trasvase de generaciones que queda recogido en su para nada casual título (‘blómi’ significa ‘florecer’ en islandés, y es exactamente el sentimiento que la artista noruega quiere llevar por bandera en esta nueva entrega, tanto en las letras del álbum como en los nuevos ritmos experimentados en el mismo). Con esta sentencia, y el atípico inicio del disco (protagonizado por la serena voz de la terapeuta musical Eline Monrad Vistven), podremos erróneamente creer que estamos reproduciendo un podcast de mindfulness, plagado de clichés al uso (respiración, equilibrio, reconexión y más consignas espirituales se dan cita en la mística Orð Vǫlu). Y aunque esta desconcertante caratula yogui-ambient y positivista nos desoriente por un momento (posteriormente empleada de nuevo en su correspondiente acto de cierre, Orð Hjartans) lo cierto es que sienta las bases de una serenidad contagiosa de la que Sundfør hará gala en las posteriores pistas, huyendo parcialmente del poderío synth y desbocado de algunos de sus anteriores trabajos, en favor de agasajarnos con una preciosa y sanadora colección de baladas de extrema sofisticación que cualquier alma nerviosa y ávida de bajar de revoluciones agradecerá.

Nos encontramos, pues, con una sucesión de capítulos que bien podrían formar parte de un musical cinematográfico de color de rosa firmado por la noruega, gracias a esos matices de luz y a sus cuotas de máxima pureza alcanzadas en Ashera's Song que parecen abiertamente estar invitándonos a adentrarnos en un ecosistema de cuento y encanto (la piel de gallina con el in crescendo de Alyosha avalan este bucle de belleza infinita del que no querremos salir). Rompiendo la baraja, Sundfør también nos presenta su lado más pop, engalanado entre palmas y samples de pajaritos que evolucionan en un divertido tramo lordiano y a capela que bien podría conquistar las tablas que se propusiera (Leikara Ljóð).
La guinda a esta expeditiva ruta por el romanticismo y la emoción a flor de piel la ponen sus dotes a las cuerdas, secundarias en esta hazaña pero tan fundamentales como su propia voz. Ya bien sea a golpe de guitarra, emulando a las más icónicas divas del folk setentero (Rūnā) o llevándonos entre bocanadas de humo a su lado más jazzy y crooner (Fare Thee Well), Sundfør exhibe tras de sí un interminable set de registros que miran con garbo y acierto tanto al pop más elegante y oscuro (Náttsǫngr) como al experimentalismo más rocambolesco (Ṣānnu Yārru Lī). Desde un mantra que apadrine el disco desde su inicio hasta la casi total ausencia de electrónica, la de Haugesund confirma con Blómi la senda que comenzó a trazar en Music For People In Trouble (Bella Union, 2017), siendo su habitual forma de elevarnos de nuestras butacas a pleno pulmón la garantía inmediata de su éxito.

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