Crítica: Sinead O’Brien - Time Bend and Break The Bower

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16 junio, 2022
Redacción: Fran González

Sinead O’Brien - Time Bend and Break The Bower

Por experiencia sabemos que cuando la poesía, la rabia punk y el spoken word más sucio se dan la mano, el resultado raramente va a decepcionarnos. Una gran lista de antecedentes, con el sello de las islas británicas como aval mediante, lleva años erigiendo dicha reputación y entregándonos auténticas joyas que ya forman parte de una apreciada amalgama de artistas que, entre todos, han erigido un género propio. La irlandesa Sinead O’Brien no ha querido perderse la oportunidad de engrosar dicha nómina de artistas, entregándonos un debut sólido, competente y rebosante de confianza que en ocasiones sorprenderá por tratarse del primer álbum de la cantante de Dublín.

Puede darnos la sensación de que O’Brien llega justo cuando están cerrando y que su trabajo se suma a una ola que se encuentra en proceso de romperse. No lo negaremos, no ha inventado la pólvora. Pero hay algo en esos destellos prácticamente desprovistos de emoción y esos guiños al imaginario apocalíptico de artistas como Nick Cave o Siouxsie Sioux que hacen de su “Time Bend and Break The Bower” (Chess Club Records, 2022) un álbum del todo accesible y disfrutable. La mirada oculta tras unas gafas de sol oscuras de la cantautora irlandesa permanece impasible ante la sucesión de imágenes que, gracias a su delicioso storytelling, se van formando en nuestras retinas. Sin embargo, también demuestra puntualmente dominar el arte de romper con esa rigidez propia y entregar ritmos casi pegadizos, envueltos en añiles relámpagos de corte ochentero cortesía de sus compañeros de banda, Julian Hanson y Oscar Robertson, tal y como bien demuestra en pistas como There Are Good Times Coming.

Y es que O’Brien confirma lo bien rodeada que está, pues sus dos parteneres son capaces de llevar a un siguiente nivel su ácido discurso y sacarle la mejor punta al mismo, logrando con ello la posibilidad de que la cantante haga gala de una maravillosa simbiosis con ellos y nos entregue una nada desdeñable versatilidad expresada a lo largo de sus once pistas (como bien demuestra el trío maridando unos ritmos áridos con ciertos reflejos sintéticos, sabor a pop 90s, para Holy Country, por ejemplo). La lírica de O’Brien, en ocasiones rescatada de manuscritos y borradores que confirió a sus 17 años como sucede en Like Culture, parte de una esencia sombría y reflectiva (como el relato en primera persona de The Rarest Kind, rodeado entre punteos exquisitos), pero que también logra dispararse hacia el hedonismo más sagaz, capaz de sacudirnos con elevado gusto y transportarnos a una discoteca subterránea, de esas con poca luz y suelos pegajosos, como bien se percibe a través de las ondas de ese Spare for My Size, Me. Sin lugar a dudas, un despliegue de matices que revelan una ambición escondida tras ese estilismo noir y casi apático, pero no por ello carente de perspicacia y garbo.

No será su virtud principal hacer alarde de unas notables habilidades vocales, pero O’Brien sabe bien lo que se hace a la hora de mostrar sus influencias con respeto y alentadora destreza. Su creativa visión, expresada entre golpes de desert-rock, post-punk y dance-punk, nos hace creer firmemente en que el recorrido de la irlandesa no dejará de traernos remarcables sorpresas con el tiempo, y que tal y como enuncia la propia O’Brien en su GIRLKIND, “you have seen nothing yet”.

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