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Crítica: shego - SUERTE, CHICA

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Shego - Suerte, Chica

Llevamos tanto tiempo oyendo hablar de ellas que se nos hace extraño reseñar su trabajo en calidad de debut y estar abriendo las páginas de éste, su primer disco, a estas alturas de la película. Pero lo bueno se hace esperar, y el aterrizaje formal de una de las bandas más rompedoras, carismáticas y con carácter de nuestra escena emergente actual bien se merecía echarle tiempo y mimo a su puesta a punto oficial. Maite, Raquel, Charlotte y Aroa son hijas de su tiempo, y no solo por heredar el nombre de la archienemiga de Kim Possible para su banda, sino por el hecho de haber dibujado eficientemente un discurso fresco y auténtico, con garra y genio, que conecta a las mil maravillas con la esfera más inconformista, vapuleada, hastiada pero también romántica, vulnerable y liberada de su generación.

SUERTE, CHICA (Ernie Records, 2023) cumple exactamente con lo que habría cabido esperar del debut de shego, más aún después de llevar un par de años dándolo absolutamente todo con sus letras cargadas de sentimiento y mala baba a partes iguales. ¿Lo mejor? Que el disco tiene muchas más sorpresas de las que sus pertinentes adelantos nos han dado y no requiere vivir de las rentas de sus singles (LUCKY) ni de mediáticas colaboraciones (qué voy a hacer, con Natalia Lacunza) para aguantar el tiro. Así al menos lo demuestran temas maravillosos como ese pepinazo que es sorry ojitos, que hará las delicias de los fans de las primeras Hinds, o esa suerte de Julieta Venegas meets garage rock en el que termina convirtiéndose estoy cachonda (donde, entre referencias “brillantes”, hacen acopio de esa necesaria normalización de la sexualidad femenina).

La evolución de su sonido no ha perjudicado al mero hecho de seguir viéndoles dando en el clavo con sus letras ácidas y descaradas, sino que más bien equipan a la perfección las mismas con arreglos y fusiones que destilan un gusto exquisito por el remate final de sus cortes (de hecho, os avisamos que vuestros pies y caderas cobrarán vida propia con las líneas de bajo de me lloro toda). Un coqueteo con los sonidos más sintéticos que encontrarán su máximo apogeo en steak tar tar, la pieza más desparejada e irregular de este puzzle que firman en compañía del productor DRUMMIE, y en la que abogan por culminar el particular divertimento que ha supuesto la elaboración de este álbum con una absoluta oda a la música de club, bien de bajos y bien de ritmazo pegadizo.

En sus ocho temas y apenas 20 minutos de duración tendremos la sensación de percibir cómo el cuarteto avanza exponencialmente y hacia arriba, monetizando traumas y corazones rotos, pero sobre todo pasándoselo pipa y confirmando que las ganas que teníamos de escuchar más de ellas tras su EP Tantos Chicos Malos y Tan Poco Tiempo (Ernie Records, 2021) no eran un mero capricho nuestro. Si su nombre consigue merecidamente colarse en los festis que comenzamos a apuntar en nuestra particular agenda, la suerte será nuestra.

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