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Crítica: Shame - Food for Worms

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Shame - Food for Worms (2023)

Si el pasado año fueron los buenos de Fontaines D.C. quienes confirmaron el buen estado de salud del post-punk anglosajón con el que fue sin duda el mejor disco internacional del 2022, mucho nos tememos que Shame van camino de repetir hazaña con el que muy probablemente sea el mejor trabajo de su trayectoria. No es decir poco si se entra a valorar que desde su debut con Songs of Praise (Dead Oceans, 2018) la banda no ha dejado de firmar una ascendente escalada sin altibajos, digna de continuar prevaleciendo a la altura de los sofisticados y brillantes actos coetáneos que han ido brotando en la siempre competente escena underground británica. La ferocidad y la garra, propias de un género históricamente ligado a la crítica social y a la catarsis más profunda continúan siendo los motores básicos para Charlie Steen y compañía en Food For Worms (Dead Oceans, 2023), el tercer álbum de la banda del sur de Londres y la prueba de fuego que va a enfrentarles a la gira más extensa de su carrera.

La mala uva, ácida y precisa como un crochet directo a la mandíbula, se manifiesta desde su primer corte, la brillante Fingers of Steel, que gracias a su pertinente videoclip, abunda en esa imperante idea del obsesivo “onanismo mediático” que nos invade a todos, alimentado por las redes sociales, la validación externa y la serotonina del codiciado like. De la mano de un surrealismo acusatorio y agresivo, Six-Pack nos habla de lo que bien podría a ser la crisis de la mediana edad en el hombre cis-hetero medio, donde la guinda la pone un brillante y loquísimo videoclip (sí, en efecto éste es el LP en el que Shame han invertido más personalidad y carácter en su trabajo audiovisual) en el que se nos presenta a varios estandartes de la masculinidad frágil y el liderazgo tóxico poniéndose cachitas en un distópico y aberrante gimnasio en 2-D. Éste, probablemente, sea el acto con más rabia y ferocidad del disco, pues poco a poco también iremos descubriendo cómo la banda ha comenzado a sacrificar esa estática y en ocasiones poco accesible impronta rítmica y ruidosa por arreglos más melódicos y ligeros (Yankees) que hacen de su totalidad un sonido general más expansivo y hasta con ciertas intenciones de himno emotivo (Adderall).

Como lección y muestra de la evidente maduración del proyecto, el quinteto da un paso más allá y decide salirse del abc del pop por excelencia, ese que solo tiene ojos para sí mismo y sus dolencias, y engrandece su espectro con el fin de mirar con detenimiento hacia las inmediaciones de su ser, captando como nuevas líneas de inspiración su círculo más próximo (Alibis) y la sociedad en su más amplio y genérico estatus (All The People), sacando de paso un tono pop más naíf y árido, prácticamente único e insólito en su registro.

Steen no lo categorizó como el Lamborghini de los discos de Shame por nada; aunque puestos a hacer analogías con vehículos, a nosotros nos vendría a la cabeza un coche más funcional y práctico, un utilitario para el día a día y que se acomode a nuestras necesidades, las cuales pueden ir desde la más caprichosa euforia (The Fall of Paul) hasta la más desgarradora reflexión (Burning By Design). El paso del tiempo nos hará a todos convertirnos irremediablemente en pasto de los gusanos, pero al menos a Shame el mismo le estará haciendo buena justicia.

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