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Crítica: Shame - Drunk Tank Pink

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Shame - Drunk Tank Pink (2021)

Redacción: Andrea Genovart

Este año, 2020 o 2021 qué más da, parece ser que se ha parado. Pero como pasa con algunas bandas, la energía de Shame no. De hecho, si algo los situó rápidamente en el panorama musical internacional fue que llegaron pisando fuerte, en una oleada de grupos post-punk británicos que parecían responder a una necesidad de golpe sobre la mesa. Con todo lo que está pasando, no es de extrañar que el espíritu reivindicativo y crítico de la banda se haya, como mínimo, mantenido - por no decir crecido. El pasado septiembre el quinteto avanzó su primer single y, en noviembre, sacó otro; no obstante, la repercusión ha sido mínima.

En la música uno no puede quedarse de brazos cruzados viendo caer el desastre universal, más aún cuando parece que te comes el mundo tan solo al despegar; así que tras estos cinco meses de eco y de nuevos (no) horizontes pandémicos, sobre todo en Inglaterra, Shame ha decidido tirar recto y salir con todas no teniendo prácticamente nada más sobre la mesa. Bueno, sí, un disco en un cajón guardado quién sabe hace cuánto, ya que la banda empezó a componer cuando se encontraba en la gira de su debut Songs Por Praise y ya hace un año que se anunció que estaban trabajando de lleno en él. Drunk Tank Pink (Dead Oceans, 2021) es el segundo disco de la banda, que se presentará en un tour ya anunciado llamado Socially Distant Tour, con primeras fechas en enero. Pero lo importante:  Drunk Tank Pink es, grosso modo, un discazo y su título, surrealista y bizarro, no podía venir más a cuenta.

Drunk Tank Pink no es un LP sorprendente. Pero eso no es problema: es un discazo, con menos probabilidad de serlo por el hecho de no sonar a novedad. Shame pertenece a esa primera línea capitaneada por FONTAINES DC, IDLES o Preoccupations, es decir, por bandas caracterizadas por el reciclaje de un sonido noventero. Pero no solo las hermana un sonido muy muy parecido sino también que éste es de una gran calidad. Además de todas estas formaciones ser bastante jóvenes, por cierto. Drunk Tank Pink es un viaje intenso del que no te has enterado de la mitad pero que, aún así, sabes que te ha gustado; tiene el mismo efecto de estar drogado en un garito en el que te lo estás pasando muy bien pero que, cuando abren las luces y te mandan a casa, te das cuenta que no sabes recordar alguna anécdota concreta. Alphabet es el tema encargado de inaugurar este corto setlist de once canciones, aunque ya la habíamos escuchado antes por ser la pieza elegida como single y, lo más importante, lanzado con un videoclip que es de los mejores que han salido este año. Esta canción es una apertura de gran contundencia y agresividad, un calentamiento a base de cien sprints, que aquí cobran la forma de una voz de registro militar acompañada de coros épicos. Nigel Hitter, la que la sigue, rebaja el tono pero va marcando un trote necesario, con unos redobles de guitarra cuanto menos admirados y unos riffs de guitarra encargados de alejar la constancia del aburrimiento; March Day sería su versión estresada, ya que coge la misma estructura y le pone las revoluciones al galope, convirtiéndola en una de las mejores canciones de este nuevo disco. Born In Luton vendría con un estribillo con cierto aire grunge depresivo, de tempo lento, que también encontramos en Human, For A Minute; sin embargo, ésta última adquiere un formato mucho más minimal y menos recargado que hace que sea resuelto mucho mejor.

Pero la sorpresa viene sin duda con unos cambios melódicos más típicos del punk-rock que del post-punk. Water In The Well y Great Dog son dos canciones que podrían estar firmadas por bandas californianas no convencionales de la primera etiqueta de estilo, como unos Lagwagon. Y aunque rompe con la tónica general de Drunk Tank Pink, suena bien y dan ganas de seguir escuchando más sobre esta faceta. Snow Day, avanzando hacia al final, sería la constatación que la banda ha hecho un trabajo por endurecerse notablemente respecto al Songs Of Praise; y que lo ha conseguido de una manera que rebosa la seguridad y comodidad de cuando te sientes en tu sitio. Statio Wagon es el sencillo encargado de cerrar este repertorio que pasan por encima tuyo como tren descarrilado; de la misma manera que Shame se había encargado de abrir a todo trapo, sin perder el tiempo ni dar lugar a dudas sobre sus intenciones, esta última canción se encarga de cerrar de un modo más paulatino, poniendo el punto final de una forma natural y más o menos suave.

Drunk Tank Pink es un disco que aplaudes. Y por muchas razones. En primer lugar, porque es un disco de Shame, y Shame forma parte de esta nueva oleada post punk con mucha guitarra, que juega con el punk rock de una forma muy sutil y sin mancharse las manos; en segundo, porque quien siguió de cerca su primer lanzamiento puede percibir claramente una evolución. Y este crecimiento de la banda, que uno escucha con una sonrisa, implica una calidad y trabajo impecables, como también es la dirección hacia donde reman, que es fuerza y pura beligerancia. Y es que su atrevimiento es palpable en cada canción, que arrastra unos tonos bajos a la vez que apresurados, en la que se asiste al alzamiento de una presencia que directamente te habla en vez de cantar y que ha dejado de esconderse tras melodías a medio gas. El nuevo Shame provoca, combate, violenta. El nuevo Shame saquea.

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