Crítica: Rocío Saiz - Amor Amargo

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5 noviembre, 2021
Redaccíon: dod Magazine

Rocío Saiz – Amor Amargo

Redacción: Fran González

Cuando cae en nuestras manos uno de esos discos que pone voz, letra y ritmo a todas esas pulsiones y desazones personales que nos sacuden a diario con tan acertado tino, lo único que podemos hacer es dejarnos llevar y entrar sin oposición en su juego. Con los brazos abiertos, recibimos las intensas historias (filtradas por un magnífico tinte pop) que contiene este “Amor Amargo” (Primavera Labels, 2021), y de las que ya avisamos que será muy difícil no quedarse prendado. Eso sí, puede que la experiencia duela un poco.

De su paso por Monterrosa junto a Enrique F. Aparicio ya dilucidábamos que Rocío Saiz era capaz de conmover y tocar la fibra de una manera muy especial. Ya sea por generación o por el dulce momento actual que la honestidad emocional está viviendo en la cultura (¡y que dure!), la cantante madrileña ha sabido confeccionar con mucho detalle y cariño particular una caja de verdades escupidas a la cara y una declaración de intenciones en el más crudo sentido de la expresión. Solo hace falta poner atención a sus letras (amargas, pero ocultas tras esa colorida capa de enérgico techno-pop) para darnos cuenta de la enorme carga sentimental que la que fuera vocalista de Las Chillers ha depositado en este trabajo. Y es que, a la vista está que tras su paso por las bandas anteriormente citadas la cantante tenía mucho que seguir contándonos, y solo lo ha podido hacer a través de un debut en solitario y siete preciosas canciones para enmarcar.

Con los alentadores y estimulantes beats a cargo de la DJ y productora chilena Fernanda Arrau, arranca el primer corte del álbum, ‘Autocensura’, del cual observamos en un rápido primer vistazo que contiene todos los elementos necesarios para convertirse en un himno excepcional que marcará la progresión y el carácter del resto de pistas. Con una rabia contenida pero presente, Rocío lanza reivindicaciones sin equívocos y le devuelve los golpes a esa cara tan áspera del sistema que debilita y absorbe las energías vitales de los menos fuertes con su estrecha y limitada mirada. A pesar de que este fascinante hit nos ofrezca una de las mejores facetas de Rocío tanto en lo lírico como en lo vocal, con brillante habilidad la cantante madrileña logra que el ritmo no decaiga en absoluto, pues seguidamente recibimos una estelar colaboración junto a nada menos que Ariadna Paniagua. ‘Nietas del Ruido’ es ese sorpresivo momento en el que descubrimos lo bien que maridan el universo de Rocío Saiz con el inconfundible toque “punsete” de Ariadna, ambas sumidas en un poderoso dueto repleto de versos que hablan por sí solos.

Tras un tímido momento de pausa, donde Rocío nos invita a frenar el ritmo (sin perder la rugosidad en su disertación) con ‘El Descanso del Guerrero’, la artista aprovecha para regalarnos ‘La Juventud’, el reconfortante y esperanzador track que preparó para la banda sonora de la película de “La Amiga de mi Amiga”, dirigida por Zaida Carmona y en la que también aparece la propia Rocío. Una vez más, observaremos cómo a golpe de “revelación y revolución” la madrileña no requiere de anestesiadas metáforas para engalanar su discurso, pues versos como “tú jugabas con los coches, querías hacer canciones, mentíamos a tus padres, escuchas solo reproches” son una continua muestra de la franqueza que caracteriza este álbum. Ya en la recta final del disco nos topamos con unas cuantas sorpresas más que merecen nuestra atención: la inconfundible voz de Víctor Algora entrelazada a un seductor ritmo tropical en ‘Un Prodigioso Desastre’, la carta de amor liberadora que es ‘Si Mañana Me Muero, Te Habré Dicho Que Te Quiero’, o el evocador y agitado rompepistas que acaba siendo ‘Cortisol en Sangre’, con el que cierra y concluye deseándonos que vuelva a nosotros la estabilidad, y sintamos por fin la tranquilidad.

Con la fina mano en la sombra de Pau Paredes de su lado (ya presente en los arreglos de Monterrosa, y en la producción técnica de Ginebras), Rocío nos dedica una amalgama de sentidos mensajes, entre los que nos topamos con inseguridades mal curadas, vivencias enquistadas y heridas de guerra. Si a esta incalculable sinceridad le sumamos el firme valor de esas cautivadoras bases de corte ochentero, el resultado es una maravillosa comunión entre el desconsuelo y la energía. Una proposición sin frenos para bailar nuestros males, a golpe de teclado y lágrima, pero sin perder nunca el ritmo, pues para eso está Rocío aquí, para agarrarnos de la mano en esta catarsis electro-pop tan única.

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