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Crítica: 'Reina Roja', la adaptación televisiva del éxito literario de Juan Gómez-Jurado para Prime Video

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Reina Roja - Serie Amazon Prime Video

La adaptación catódica del superventas Reina Roja partía con dos grandes losas sobre sí misma: la primera, equipararse al éxito de su texto original, y la segunda, hacerle justicia a su ilusionante campaña de promoción llevada a cabo a lo largo de las últimas semanas por Prime Video, su plataforma responsable.

Para tales propósitos, los galones de su abajo firmante se han conjugado con los del visor y la silla de tijera de Koldo Serra, cuyo curriculum en el audiovisual patrio habla por sí solo (al éxito de La Casa de Papel nos remitimos). Al montante total se le suman los nombres de Salvador Perpiñá y Amaya Muruzabal en tareas de guión, pariendo así un todo absolutamente digno y a la altura del legado que la novela de Juan Gómez-Jurado ha dejado en los últimos años en el lector contemporáneo. Los ávidos devoradores de la misma entendían en su ya de por sí carácter cinematográfico (fiel deudor de ese sobrealimentado bagaje que maneja su responsable) que ésta pedía a gritos acabar convertida en un producto audiovisual al uso (desde su tono hasta su carácter, las páginas de la saga transgreden el thriller policiaco arquetípico y juegan en una liga que tarde o temprano se merecía ir más allá).

Reina Roja - Serie Amazon Prime Video

Por su parte, la labor de trascripción entre formatos no podría haber sido más certera, hilando de forma finísima la selección de sus integrantes y provocando desde ya que nos vaya a ser muy difícil en el futuro separar a los intérpretes de sus homónimos literarios. Sin ir más lejos, Vicky Luengo parecía estar destinada a ser Antonia Scott. Su ligera curvatura, su mirada perdida, su rígida expresión o la virtual forma de expresar sus demonios internos y sus perspicaces pesquisas (ayudando así al espectador a entender mejor cómo funciona su mente) son directamente secuencias que se comen la pantalla y te atrapan con supina facilidad. Una magia que, en el mejor de los casos, se complementa con el alivio cómico de un maravilloso Jon Gutiérrez (Hovik Keuchkerian), elevado a la máxima potencia y tan capaz de emocionar y enternecer como de divertir y aligerar.

A pesar de que este live action dé en el clavo con diestra puntería a la hora de revivir ciertos escenarios de la novela -desde el diseño de los mencionados protagonistas, hasta la representación de ciertos enclaves significativos en la misma, como el desolado piso de Antonia o el primer encuentro entre Carla Ortiz (Celia Freijeiro) y Ezequiel (Nacho Fresneda)-, la serie logra evitar caer en la literalidad y crece por encima de su texto madre. Así lo apreciamos en esas licencias que hacen que su entrega vaya más allá de sus páginas, pasando de puntillas por determinados detalles y ahondando mucho más en otros donde sí merecía la pena poner el foco -por ejemplo, en la entrañable relación entre Jon y su madre (Karmele Larrinaga) o la extraviada psique de Ezequiel, quien absorto en los delirios de su guarida nos recordará al lado más escalofriante del Búfalo Bill de El Silencio de los Corderos (1991).

Reina Roja - Vicky Luengo

Con todo, el sello de su autor continúa presente en la serie y prevalece en diversos aspectos apreciables a lo largo de sus siete frenéticos episodios (desde un tímido cameo del mismo, hasta el descabellado y fantasioso desarrollo de una trama propia de una ficción con todas las letras, que tan de los nervios sacará a nuestros amigos los verosimilistas). No obstante, no negamos que, puntualmente, su abusiva dramedia o esa cierta falta de naturalidad en las voces (herencia directa de la ficción anglosajona que en ocasiones entra a marchas forzadas) se apodere del clima total de la escena y con rechino e infortunio, nos saque de la carretera o nos descoloque más de lo deseado (con personajes que llevan puesto el vestido de otros y que con más voluntad que acierto luchan por no sonar excesivamente autoimpuestos). Eso sí, el talento general de la pieza prevalece por encima de sus leves máculas y, en suma, las virtudes de unos salvan las carencias de otros hasta terminar generando así un relato en el que el espectador recibe en todo momento la satisfacción que espera (esa que viene dada por una resolución ambiciosa, alejada de cualquier abc predecible, y que, con riesgo, se emborracha de volantazos y giros argumentales que nos dejarán sin uñas).

Reina Roja aprueba así, pues, la difícil tarea de dar el salto a la pequeña pantalla y reinventarse para gusto de sus viejos acólitos y placer de sus nuevos descubridores, quienes tan pronto como se decidan a poner un pie dentro del intrincado y complejo universo de Antonia Scott comprobarán que no podrán salir de él. ¿Alguien ha dicho por ahí Loba Negra?

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