Crítica: Polara - Uniforms

31 diciembre, 2018
Redaccíon: asier

Polara - Uniforms (2018)

Redacción: Andrea Genovart

Era 2016. Pan Castellano y Natalia Spuinguel, batería y guitarra respectivamente, empiezan a tocar casi por accidente: no sabían hacia dónde iban ni que les traería. Un par de años de intensidades y cambios después, todavía suficiente gente no ha oído todavía hablar de Uniforms. Pero esperamos que no tarden para ello. El ahora trío, después de la reciente salida de la bajista Laura Alva, acaba de publicar Polara - nombre de la marca uno de los pedales para la reverb usados por la banda -; se trata de su primer larga duración después de haber tanteado terreno con su EP Equals, bajo el sello de Oso Polita (Garbayo, Gimnástica, Venturi). Un repertorio de diez canciones a caballo entre el noise y el dream pop pero altamente conseguido con unas melodías frescas y ligeras.

Uniforms va por buen camino. Más aún teniendo en cuenta la desventaja que sufren esas ciudades peninsulares como es Jaén, donde la gente pasa por alto su escena y residen condenadas a la sombra de un Granada o Murcia. Análisis del mercado de nuestro país aparte, mucho ha debido gustar y prometer lo que ofrece esta banda femenina sin con solo asomar la cabeza ya han sido confirmadas en el cartel del próximo BBK, junto a The Strokes o Thom Yorke, y acaban de formar parte de las pasadas ediciones del Monkey Week o en el BIME.

Grabado en La Casa Estudio por Ivan Moreno (Los Planetas, Apartamentos Acapulco, Rusos Blancos) y producido por Will Castellano, Polara es una carta de presentación de todas las influencias latentes en la banda. Influencias por un lado diversas pero por otro altamente noventeras. Nos referimos a canciones que van desde el pop hasta el noise: una voz distorsionada y la neopsicodelia en Antípodas, la embriaguez oscura con los riffs de guitarra de Gris, el dark wave de estructura desordenada de EDMP - Experimento Del Mundo Pequeño, elegido single - y el shoegaze de Addicted; temas que nos llevan a esa música editada bajo discos de portada de blanco y negro y que recuerdan a nombres como Broadcast o Pale Saints.

Sin embargo, también encontramos su toque de actualidad, donde reside la densidad del proyecto. Pensamos en el ritmo electropop cantado en español (hay un total de 7 en el disco, junto a 3 en inglés) de Don’t Wake Up y los sintetizadores tan presentes en Polara. Unas canciones que todas ellas, en el aspecto de su lírica, nacen desde la crítica y el malestar, sobre todo ocasionado por un entorno social que levanta la ira y el inconformismo, pero también sensación de soledad. Soledad y sufrimiento que explica el mundo contemporáneo y vorágine pero que a la vez no deja de apelar a una constante a lo largo de los tiempos. Y es, precisamente, esa doble cara de la moneda de lo viejo y lo nuevo lo que encontramos en la música de las Uniform. Aunque su nombre indique, injustamente, lo contrario.

 

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