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Crítica: Phoenix - Alpha Zulu

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Phoenix - Alpha Zulu

Grabar un álbum dentro del Louvre debería ser ya, por ende, un reclamo absoluto para ganar nuestras atenciones, pero si además la banda que se encarga de hacerlo es el cuarteto por excelencia de indie-pop galo Phoenix, entonces apaga y vámonos. Los de Thomas Mars sabían que su esperado regreso tras la ya lejana entrega de Ti Amo en 2017 debía ser por todo lo alto, y no solo porque su ausencia haya sido de las más notorias en el circuito -habiendo servido la misma para que otras bandas cogieran el testigo de esa frescura colorista y buen rollera que caracteriza su sonido-, sino porque, conscientes de que el pop independiente no juega su mejor momento en la actualidad, requerían de un esfuerzo añadido que supusiera sacar los cañones en favor del género.

Es por ello que, por vez primera, los de Versalles han incorporado una colaboración conjunta en su discografía, y no hablamos de un nombre cualquiera, sino del de Ezra Koenig, líder y vocalista de los célebres Vampire Weekend, quien toma partido en la excelente Tonight, éxito instantáneo gracias al talento que confluye en sus líneas a través de las que exploran el amor en la distancia y segundo corte del álbum que acontece tras la magnífica apertura que protagoniza la pegadiza y homónima Alpha Zulu. Pero sin duda, lo que no tardará en revelarnos el séptimo disco de los franceses es que, más allá de ese par de sencillos geniales que ya conocíamos, encontraremos un alarde de electrónica exquisita (manifiestamente inspirada en el imaginario del genial y ya desaparecido Phillipe Zdar, quien fuera habitual productor de la banda). Gamberro y juguetón, el sonido de Phoenix queda sellado en un abrazo único gracias a la reconocible e incomparable tonalidad vocal de Mars, quien nos abrirá las puertas a esa habilidad única para crear rompepistas sin perder la elegancia (All Eyes On Me) o hacernos navegar en un mar de nostalgia amable e inocua con poco más que una caja de ritmos y un sinte (The Only One).

Destacando por encima de todo la habilidad que Mars y compañía tienen para generar rock y actitud mediante lo sintético (After Midnight), manteniendo la huella de su sofisticación (Identical) y coqueteando con una robótica afrancesada que perfectamente nos recordará a un híbrido entre Air y The Strokes (Artefact), es de justicia mencionar que la banda no arriesga demasiado y juega un perfil sonoro que rozará la uniformidad, sacrificando la sorpresa en favor de la entrega de un trabajo que sí ejerza esa virtud y labor de tratarse de un disco escapista y bailongo que nos ponga de buen humor y nos haga deshacernos de nuestras preocupaciones a golpe de contoneo y ritmo.

Hay emoción ("I’m losing my friend, I’m losing my grip. Praying all night to radio waves" cantan en Identical, el corte de cierre), hay agitación (con esa All Eyes On Me y Alpha Zulu en la que muestran ritmos muy diversos y ajenos a lo que nos tenían acostumbrados) y hay romanticismo amable (The Only One); un surtido de sensaciones que no nos descubrirá la pólvora pero que sí nos hará pasar un buen rato gracias a contener algunas de las piezas más brillantes que el conjunto galo ha ofrecido en los últimos años.

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