Crítica: Pearl Jam - Gigaton

3 abril, 2020
Redaccíon: dod Magazine

Pearl Jam - Gigaton

Redacción: Andrea Genovart

Giganton (2020, Monkeywrench) llegó el 27 de marzo con una gran responsabilidad. Primero, de ser el primer número doble de la banda: el 11. Luego, de remontar la decepción que generó su predecesor, Lightning Bolt, en 2013. Después de siete años, la banda de Seattle ha vuelto con este disco que muchos han calificado como uno de los más completos de la banda. Y no solo eso, si no que se encargaron de crear un overpromise, cuando el 13 de febrero invitaron a descargar su app y poner el móvil en la luna para que entrara en acción el videoclip de Superblood Wolfmoon. Cabe tener en cuenta una cosa: aunque parezca lo contrario, sacar un álbum en confinamiento ha jugado a su favor. Mantuvieron su fecha de publicación y resistieron al calendario de la pandemia mundial. Eso no lo alteraron, pero seguramente lo que sí se alteró fue la manera en cómo escuchamos la música. Así, en general, agradeciendo que al otro lado haya alguien haciendo un acorde porque sí. Ahora más que nunca, sobrevaloramos todo lo que tenga que ver con un retorno o con la novedad: cualquier halo fresco es bienvenido en época de confinamiento.

Giganton es un buen disco de grunge si tenemos en cuenta que está compuesto por un grupo adulto, nacido en los 90 y con muchos años a sus espaldas. Pero tampoco es nada excepcional, ni tan siquiera experimental. De hecho, todo su contrario: responde a unas ganas de volver a abrazar a esa comunidad de oyentes de Pearl Jam, fans también de Alice In Chains, Foo Fighters o Soundgarden; y ofrecerles algo que puedan disfrutar sin tener que dar mucho brinco, que ya estarán algo mayorcitos. No cabe duda que Giganton es un disco trabajado, y a la banda de Eddie Vedder tiempo no le ha faltado. Se trata de un repertorio de doce canciones pero desordenado, donde encontramos melodías y guiños a estilos de todo tipo aunque un poco dispuestas de cualquier manera. la verdad que uno no sabe muy bien cómo encajar eso de encontrarse cuatro primeros temas portadores de toda la energía que supone un regreso, para después acabar con cuatro últimos que suponen una bajada de revoluciones en toda regla; alterar la fresca Who Ever Said con la balada de River Cross hubiese sido mejor que no dividir el disco en dos caras sin ningún tipo de sentido y con una cortada de rollo total.

Tenemos un rock de finales del último siglo con Take The Long Way, un punk rock con coros facilones y de high school, Superblood Wolfmoon, que fue escogido avance; y hasta un intento de balada country con Comes That Goes. Podemos reconocer que sí, que existe una apuesta por la libertad compositiva y que, sea dicho de paso, hace que todo el mundo acabe encontrando su canción preferida. Giganton es un para todos los públicos y para todos los gustos, y precisamente eso hace que lo que para algunos consiste en riqueza sea una carta asegurada y mainstremeada para muchos otros. Dance Of The Clairvoyants, uno de los dos singles antes de su publicación, pero que proyecta todo lo contrario de lo que nos hemos encontrado, sería su tema más complejo: con un Eddie Veder que va cambiando los registros de la voz al compás de la canción, asistimos a un desfile musical oscuro y ambiguo, con un trasfondo de sintetizadores constante y medio futurista. Sin embargo, no brilla por su letra de imperativo positivista - “That's not a negative thought / I'm positive, positive, positive /  Falling down, not staying down / Coulda held me up rather than tearing me down…”: ¿esto es en serio, señores. Aunque hay que reconocer que hay letras notablemente trabajadas, aunque también subidas al oleaje de moda yankee, que es la crítica contra Trump y la necesidad de comprometerse con un mundo sostenible; ejemplo de ello es la aclamada Quick Escape: “Crossed the border to Morocco / Kashmir then Marrakech / The lengths we had to go to then / To find a place Trump hadn't fucked up yet”. También cabe destacar el viaje impresionista y de paisaje que Pearl Jam hace con la elegancia y sencillez de Buckle Up (Antiquities lost / Lost to the Nile / A sudden slip / A fall on the tile), o el coaching de ese sonido primerizo de la banda con Never Destination (Some resolution, some justice tied / To this collusion hiding in plain sight / Say see ya later, never say goodbye / This is a little trick I play on my own mind).

Sea como fuere, Pearl Jam ha hecho un disco de rock clásico. Algo reconfortante o algo pasado por agua, según quién lo mire y lo que necesite. Aunque todo esto ya se podía intuir con la portada de Giganton, que parece de la época en que nació el Photoshop. Sí que es cierto que hay canciones más atrevidas que otras, aunque cuando hay una pizca de riesgo éste siempre acaba reconducido en la moderación y, la verdad, que para los amantes del sonido Seattle se echa de menos un poco de agresividad bien soltada. De esa que envía a la mierda al cámara. No obstante, aquí la madurez y la perspectiva que eso implica tiene un resultado positivo, en una época donde se nos exige ser pacientes, valorar lo que tenemos y estar receptivos. Es un disco agradable de escuchar, sí, aunque no haya grandes temazos; supongo que tiene que ver con la decisión personal, siempre legítima, entre priorizar el riesgo o quedarse en un estadio más introspectivo y relajado.

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