Crítica: Orelsan - Civilisation

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12 enero, 2022
Redacción: dod Magazine

Orelsan - Civilisation (2022)

Redacción: Marcos Molinero

Siempre me ha hecho gracia y rabia el concepto de la capital cultural del mundo, ese título honorífico que se auto imponen ciudades como Nueva York o Londres. y que siempre me ha parecido injusto. Creer que el eje de la cultura occidental o musical como nos atañe a nosotros se encuentra en los Estados Unidos o en la Gran Bretaña es una falacia. Parece que los grandes movimientos culturales y terremotos musicales han partido de esos dos países (Los Angeles, Seattle, Manchester, Liverpool)... Esa afirmación de que lo que triunfa hoy en Londres, mañana dominará el mundo, esa supuesta avanzadilla intelectual es una milonga. Para mí, y basta con informarse un poco, París o Berlin van muy por delante de la capital británica y a años luz del país gobernado por Joe Biden. Gente como Miles Davis, los escritores de la generación Beat o David Bowie, Lou Reed o Iggy Pop dan fe de ello. Muchos músicos, poetas, escritores, pintores o cineastas han triunfado antes en tierras galas o germanas que en sus países de origen, Estados Unidos o Inglaterra incluidos. Ejemplos de la grandeza de Francia los tenemos en el impresionismo, el art nouveau o la Chançon. Pero sobre todo en una visión abierta y adelantada al resto del continente.

Hay estilos de música entre ellos el pop y el rap que parece que si no vienen con denominación de origen anglosajón está uno o más escalones por debajo y hace mucho tiempo que esa teoría tampoco se aguanta por ningún lado. En el mundo del hip hop, por ejemplo, Francia es el país con una escena más jugosa, innovadora y activa actualmente. Mientras que la escena estadounidense se basaba mayoritariamente en la violencia, las drogas y el sexo, la europea tenía más calado social. En los Estados Unidos triunfa ahora LIL NAS X y Megan Thee Stallion, mientras que en Francia lo hace Orelsan o Ninho. Con eso está todo dicho.

El de Caen ha logrado en la primera semana un merecido triple platino con Civilisation, un disco que si se hubiera publicado en los Estados Unidos sería piedra angular de la música rap y si lo hubiera creado un artista londinense sería la nueva Biblia de los sonidos urbanos. Por desgracia, él es francés.

El disco se abre con una delicada pieza de orfebrería moderna sobre un riff de piano y una base vibrante con unos bajos elásticos que te ponen sobre aviso de lo bien producido y creado que está todo en este disco.  Shonen es la primera joya de una colección que ni las joyas de La Corona británica. En La Quête sigue la calma en un delicado tema (¿pop?), con Orelsan cantando y rapeando sobre una base musical minimalista y juguetona.

Y llegamos a Du Prope, el corte que lo revienta todo. La canción cuenta con una base dura y tecnoide, que sirve para que nuestro protagonista rapee con una fuerza y una fiereza sin igual. Pero es que además cuenta con una melodía adictiva que se clava en tu cerebro. El final del tema en plan rave es un giro inesperado, convirtiendo a Orelsan en un discípulo de los Daft Punk más divertidos.

Con Bébéboa vuelve a dar en el clavo con un corte sorpresivo por su estilo. Definir a Orelsan como un artista de hip hop es tan poco acertado como vago. En Rêve Miaux empieza una exhibición de inspiración basada en samplers de voz, que casi sin más acompañamiento crea un tema tan adelantado a su tiempo que suena a un regreso al futuro en toda regla. Seul Avec Du Monde Autour clama contra los males del mundo moderno con un medio tiempo algo que en el rap pocos han practicado. Justo después, llega otro de esos inventos de Orelsan que dejan al resto con el culo torcido, Manifeste, donde el artista rapea sobre los sonidos de una manifestación real.

L’Odeur De L’Essence es simple, pero pega duro con un Orelsan que se emplea fuerte para llevar con sus fraseos el peso de una canción que sube y baja con la misma velocidad que el Dragón Khan de Port Aventura. Jour Mellieur es una balada que se construye sobre una cristalina guitarra, mientras que en Baise Le Monde cabalgamos en un rap con una acertada letra sobre la vida.

El corte más divertido es Casseurs Flowters Infinity, donde  junto a su media naranja musical Gringe, ejecutan su particular propio “O-bla-di o-bla-da”.  Dernier Verre es el corte junto a los The Neptunes de Pharrell Williams y, la verdad, es que es de lo menos lucido del disco, aunque con las escuchas ese bossanova del siglo XXI va ganando enteros. Junto a Skread nos entrega una de esas canciones con Orelsan rapeando sin aliento sobre un ritmo electrónico por momentos House, por momento ambient.. Athéna vuelve a ser otra canción musicalmente reposada, con pianos y voces fantasmagóricas, pero con el rapper jugando con la melodía estirando y comprimiendo a su antojo. Si lo escuchara Kanye West se pondría verde de envidia. Por último, llega el corte que da título al disco, un epílogo brillante como todo el LP.

Orelsan sigue abriendo senderos en la música y solo unos cuantos se adentran en ellos. ¿Serás tú uno de esos?

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