Crítica: Nick Cave & The Bad Seeds - Wild God

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Nick Cave & The Bad Seeds - Wild God (2024)

Después de lo que Nick Cave ha pasado en los últimos siete años, no cabe duda de que solo había un título posible para su nuevo disco y era éste. Wild God (PIAS, 2024) podría entenderse como la tercera pieza perdida de una trilogía de dolor, duelo y desconsuelo que comenzó en 2016 con Skeleton Tree, escasos meses después de la pérdida de su hijo Arthur de quince años, y que continuó en 2019 con el sobrecogedor Ghosteen, también en honor a la memoria del mismo. Lo que Cave no esperaba es que un Dios feroz y despiadado fuera a golpearle con una intensidad similar un par de años después, arrebatándole también la vida de su otro hijo Jethro, de 31 años, y la de una histórica compañera de banda, Anita Lane (quien por supuesto tiene un hueco de honor en el disco con el tema O Wow O Wow (How Wonderful She Is) tras fallecer en 2021 a los 61 años).

Las circunstancias presentes le han convertido en una de las estrellas del rock más castigadas de la actualidad, transitando por los más oscuros recovecos de la superación y canalizando su particular miseria a través de la composición de las que son a todas luces algunas de sus mejores letras hasta la fecha. Sin embargo, lo que Cave nos tenía preparado para su nuevo disco no lo vimos venir. Por consiguiente, cabría esperar que su visión actual del mundo fuera mucho más lóbrega y desalentadora, y aunque por supuesto hay espacio para esa perspectiva en la cara más siniestra y cruda de su poesía ("Ushering in the week, he knelt down / Crushed his brother's head with a bone", canta entre guiños a la historia de Caín y Abel en Frogs), lo cierto es que Wild God oculta entre sus cortes mucha más luz y anhelo del que a priori podríamos imaginar.

Quizás la prueba más patente y explícita de ello se encuentre en Joy, cuyo título per sé ya nos da una gran pista de los derroteros aspiracionales a los que apunta la actual lírica de Cave ("We’ve all had too much sorrow, now is the time for joy"), pero también hay algo en la producción escogida por el artista para muchas de sus nuevas entregas (firmada a medias con su eterno compañero, Warren Ellis) que nos hace compartir con él ese desesperado deseo de tregua que implora sin metáforas ni símiles ("Have mercy on me, please"). Nos referimos, sin duda, a esos momentos orquestales y apabullantes que crecen como la espuma entre lamentos, percusiones sincopadas y coros de góspel y que colman de verdadera emoción el disco (Song of the Lake); una emoción dichosa que hacemos nuestra desde la primera escucha, independientemente de aquello que la origine, y que parece estar enteramente pensada para dejarnos sin aliento en una futura versión en directo.

De similar cuño, continúa haciéndonos sucumbir sin reparos su versión más sinfónica de la mano de cortes como Cinnamon Horses, donde además de hacer uso de esa cara instrumental más teatral, comienza a convencernos de que estamos ante el Cave menos cínico y descreído ("I told my friends that life was good, that love would endure if it could", apunta con sencilla simplicidad en el citado tema). Por contra, Cave también nos demuestra que no solo desde el maximalismo es capaz de exultarnos, sino que también hace buena muestra de su habilidad natural para hacer lo propio con el mínimo uso de recursos, tal y como revela en la atmosférica y coral Conversion (ojo al giro rockero que se gasta en mitad del tema) o cortes próximos a la homilía, como As The Waters Covers The Sea.

Aunque en ningún momento veamos una edulcorada o frívola mirada hacia el dolor, pues continuamente Cave parece mostrarse consciente de la presencia del mismo en su vida presente, algo que diferencia a Wild God de sus anteriores entregas es que, a pesar de llevar en su sino la carga de una cadena de caprichos sin piedad, Cave parece encontrarse más consciente que nunca de querer celebrar la vida mientras pueda, constatando sus contingencias en medio de una dura transición que muy pocos podrían afrontar sin romperse en mil pedazos. Si Nick Cave puede gritar a los cuatro vientos "jumping for joy, for joy, for joy", nosotros también.

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