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Crítica: Nabihah Iqbal - DREAMER

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Nabihah Iqbal - DREAMER

El alma todoterreno de la londinense Nabihah Iqbal nos ha permitido verla metida en una suerte de infinitos fregados, a cada cual más sorprendente y acertadamente ejecutado. Desde colaborar vocalmente para algunas piezas de la desaparecida SOPHIE, hasta desempeñar su carrera particular bajo el alias de Throwing Shade, sin olvidar su relevante papel como abogada, poeta, escritora, dramaturga y locutora de radio. Una personalidad 360 de manual, que en 2017 le llevó a formalizar su debut bajo su propio nombre real con Weighing of the Heart (Ninja Tune, 2017), y que hasta seis años después no hemos podido tener el gusto de disfrutar de su pertinente continuación. Las cosas de palacio van despacio, dicen, y la espera no podría haber valido más la pena.

DREAMER (Ninja Tune, 2023), su segundo álbum de estudio, se siente como una oda maravillosa a una de esas noches infinitas en las que el júbilo, el éxtasis y la magia de sentir que cualquier cosa puede suceder nos instan a no dejar que éstas acaben nunca. Ni siquiera con los primeros rayos del amanecer y el curioso contraste entre los últimos respiros fríos de la noche y el revitalizado calor de la mañana pueden aplacar nuestros deseos de conquistar la pista de baile cuando la buena de Iqbal decide sacar a flote sus mejores destrezas como productora y DJ, ofreciéndonos tralla al más puro estilo acid house noventero (Sky River) o con ambient deconstruido y espiritual (In Light). Sin embargo, y fruto de la mala fortuna que le llevó a ser víctima de un robo que le privó de todo su equipo, esta artista londinense de origen pakistaní hace acopio de su particular resilencia para valerse de las circunstancias y entregarnos con ello un álbum más orgánico que el de su primera versión, donde la electrónica sigue siendo la protagonista, pero con una pronunciada oportunidad para ver dejes que le llevan a tocar palos inóspitos, próximos al dance-punk (tirando deliciosas líneas de spoken-word en This World Couldn’t See Us) o incluso al dream pop (con temas ensoñadores y volátiles que hablen por sí mismos, como Dreamer).

DREAMER no solo sintetiza las diferentes vertientes artísticas que ramifican la personalidad de Iqbal (desde ese pop acústico, reverberado y lóbrego, apreciado en Lilac Twilight, hasta esa electrónica eufórica y romántica, ideal para un fin de fiesta como es Sunflower), sino que también atestigua su gran compromiso a la hora de componer letras que reflejen e inspiren sentimientos propios, evocando discursos que hablan de amor, libertad, superación y deseo, sin caer con ello en manidos clichés. El montante termina siendo una insuperable fórmula, a caballo entre el discotequeo retro de primeros espadas del género, como 808 State, y el rock vaporoso y oscuro de The Cure, ofreciéndonos así la mejor versión de Nabihah Iqbal hasta el momento y la banda sonora idónea para volver a casa tras una memorable noche.

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