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Crítica: Los Planetas - Las Canciones del Agua

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Las canciones del agua - Los Planetas (2022)

Redacción: Fran González

Cuando tu mayúsculo nombre te precede, éste resulta casi más una rémora que una garantía de éxito. Que la estratosférica (perdón por el chiste fácil) e histórica estela de Los Planetas sea prácticamente un sinónimo de tener el partido ganado desde el pitido inicial, no les exime a sus componentes de tener que currarse un trabajo sólido y capaz de convencer. Diez discos firmados por el grupo y casi treinta años orbitando sobre nosotros, y aún no percibimos esa comodidad apalancada y estática que podría definir el devenir de una banda con una carrera tan extensa sobre sus hombros. Al contrario, tres décadas después y la formación granaína sigue abierta a innovar, a no dejar de experimentar, y a meterse en algún que otro charco político.

Las Canciones del Agua (El Ejército Rojo, 2022) tiene a priori todos los elementos necesarios que debe tener un buen disco de Los Planetas: raíz, ruido, fusión y mala baba. Todo ello repartido en dos bloques claramente diferenciados en los que por un lado se rinde tributo a su Granada natal (a lo largo de las cuatro primeras canciones) y por otro a este mundo nuestro que se halla en perenne convalecencia desde 2020 (en las cinco piezas restantes). Con el objetivo de fascinarnos e hipnotizarnos desde el primer acorde, se sirven para su primer tema de una carta de presentación firmada de puño y letra por un viejo conocido de las tierras del sur. Se trata de nada más y nada menos que una preciosísima adaptación del poema “El Manantial” de Federico García Lorca, enfrascado ahora en un tema homónimo de doce minutos que sirve a la banda para abrir su discurso y donde la palabra de Jota va creciendo progresivamente y con vehemencia, apoyada sobre las gentiles teclas de David Montañés y desnudando los misterios del imaginario del poeta más grande que nuestro país ha tenido y tendrá. Una nota de calidad excelsa y un guiño a sus raíces con el que captan todas nuestras atenciones y ante el cual, presa de esa delicada suavidad, tan solo podemos asistir obnubilados.

Continúan deshojando las múltiples caras de las tierras del Albaicín, proponiéndonos ahora un paseo por el mismo, pues su segundo tema es otra de esas muestras tangibles de cómo la edad ha logrado que Juan Ramón Rodríguez abra su espectro musical de una manera insólita, arriesgada y atractiva. Tal y como ya hicieran en Zona Temporalmente Autónoma (El Ejército Rojo/El Volcán, 2017) con ese poderosísimo e inclasificable tema que fue Islamabad, los de Granada vuelven a demostrarnos que su discurso y el del trap se entienden con mucho acierto. Y honestamente, el experimento, una vez más, no sale nada mal. Nos ofrecen ahora una revisión del Se Quiere Venir de Khaled (ex-miembro de PXXR GVNG), adaptado al ritmo y verbigracia del territorio nazarí, para posteriormente culminar con esa simpática y buenrollera Alegrías de Graná. Con La Morralla, en cambio, sí tendremos la oportunidad de mirar de frente a unas reconocibles cadencias, redobles y riffs que nos recordarán a la cara más primigenia de la banda: una versión del clásico de Carlos Cano, cuyo formato lejos de presentarse como anticuado u obsoleto, será una agradecida nota para aquellos que gusten del sabor original de siempre.

Un trío de ases, ya conocidos por el respetable, pero no por ello menos destacables, sirve para abrir de par en par las puertas de ese segundo bloque en el que la banda decide pasar por el filtro de su impertinente y ácido prisma los sinsabores del mundo actual; negacionismo pegadizo y bailable (El Negacionista), toques de atención a las estructuras de poder más caducas (El Rey de España), o una visión agridulce del presente, con ese tono minuciosamente descriptivo y tan representativo con el que solo ellos saben pintar un fresco mundano y cautivador a partes iguales (La Nueva Normalidad). Su tono, probablemente más literal y explícito que nunca, aún se reserva dos balas para el final: una plegaria que demanda no caer en un virus aún más dañino que ningún  otro (el capitalismo) para El Apocalipsis Zombie y una mirada paternalista (de esas a las que solo se accede a través del privilegio del tiempo) en El Antiplanetismo.

A pesar del cuestionable hecho de que más de la mitad del LP (concretamente, cinco de sus canciones) ya habían sido previamente testadas con la audiencia en formato single a lo largo de los últimos dos años, Jota y los suyos consiguen que las piezas que tenían que sorprender, lo hagan, y las que ya nos gustaban, nos vuelven a enganchar. Y es que, ¿para qué hacernos los duros? La presencia y el aporte de Los Planetas son y serán siempre recibidos con alboroto y reconocimiento.

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