Crítica: Liam Gallagher - C’MON YOU KNOW

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4 junio, 2022
Redacción: Fran González

Liam Gallagher - C’MON YOU KNOW

Que el britpop pueda sorprender a la crítica a estas alturas de la película es un hito de dificultades tan imperiosas que ni siquiera el propio Liam Gallagher es suficientemente consciente de lo que ha logrado a partir de su tercer disco en solitario. No es que nos coja por sorpresa del todo, si consideramos que lo firma quién lo firma, pero precisamente por venir a traspiés de la resaca de un insípido “Why Me? Why Not.(Warner Music, 2019) muchos ya habíamos perdido notablemente la fe en la carrera del bueno de Liam. Sin embargo, a juzgar por este sorpresivo giro de los acontecimientos, es evidente que el mancuniano tenía un as debajo de la manga preparado, listo para tirárnoslo a la cara mientras se marcaba un “up your ass!”, símbolo de la victoria mediante.

C’MON YOU KNOW” (Warner Music, 2022) no solo supera todas nuestras expectativas, sino que es con todas las letras el mejor trabajo que Liam Gallagher ha concebido desde que los desaparecidos Oasis firmaran su ¿irreversible? ruptura. Lejos de entrar en absurdas comparativas fraternales (que para eso ya tienen los mencionados sus periódicas y cansinas riñas), el pequeño de los Gallagher ha logrado dar un salto de calidad increíblemente mayúsculo en su trayectoria gracias a las piezas que ensamblan un LP redondo que, solo con ver los poderosos nombres de la gente a la que ha logrado implicar, uno entra en colapso. Empezando por la producción, la cual está depositada en manos del galardonado con el Grammy a mejor canción en 2019 por su trabajo junto a Lady Gaga y Mark Ronson, el neoyorquino Andrew Wyatt es quien responde de casi la totalidad de la parte técnica que engloba el propio álbum, a escasas excepciones contadas donde otros nombres (como el de Greg Kurstin, Adam Noble, Simon Aldred y hasta Danny L Harle) se hacen fuertes. Pero por si acaso éstas no fueran suficientes razones para comprar a ciegas su propuesta, Liam llama a filas a una imponente ristra de reconocidos artistas que tímidamente y poco a poco aportan su toque personal a una colección de catorce temas que no parece cesar en su cometido por cerrarnos la boca con pletórico entusiasmo. Desde el mismo arranque, donde una emocionante y motivadora More Power nos da la bienvenida entre luminosos coros infantiles, ya sentimos estar ante algo grande, y es que comenzar un álbum así es jugar con ventaja. A partir de ahí, solo se puede ir hacia arriba, como bien nos confirma la gamberra y pegadiza Diamond In The Dark, segundo golpe de talento de instantáneo flechazo que nos calza sin verlo venir.

Pero como bien anticipábamos, la evolución de Gallagher a lo largo del disco se va haciendo progresivamente grande gracias a la sorpresiva participación de otros implicados de altura, capaces de llevar el imaginario del cantante de Mánchester a otras esferas casi impensables. Bajo esta premisa nos dejamos sucumbir por los agitados y noventeros ritmos de Everything’s Electric (con Dave Grohl a los créditos de la composición), por las melódicas y emotivas notas de Moscow Rules (sacando a relucir esa vena beatlemaníaca siempre latente, y colocando a Ezra Koening al frente del cotarro), y por los arreglos tórridos y radiantes de una veraniega Better Days (esta vez, con el sello mediante de Michael Tighe, conocido por su trabajo con Jeff Buckley, junto a la artista sueca Tove Lo). Pero si hay una prueba que definitivamente confirma que el británico se siente increíblemente cómodo al dejarse guiar por tantas voces amigas y respetables es precisamente en el capítulo en el que el productor londinense Danny L Harle toma los controles de la nave, y deposita para ese I’m Free una sinuosa tralla disfrazada de nostalgia (que hasta coquetea abiertamente con el dub) y que contra todo pronóstico marida increíblemente bien con el orgulloso discurso de Liam, generando con ello un hit rompedor de esos que tiran abajo cualquier pista de baile que se precie.

La audacia de Gallagher en este “C’MON YOU KNOW” se desborda por los márgenes, regalándonos sin lugar a dudas su proyecto más experimental y valiente, y por ello, un trabajo capaz de hacerle sombra y mirar de tú a tú a todo lo que el mismo ha publicado en su carrera (que no es poco). No solo estamos ante la confirmación de que desde la sencillez se puede generar un enorme trabajo, sino también ante la prueba fehaciente de que a nuestro entrañable mancuniano de cabecera aún le sigue quedando mucha guerra que dar. Y nosotros que la veamos.

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