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Crítica: La Élite - Nuevo Punk

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La Élite - Nuevo Punk

Bajando la persiana del presente año y colándose por la puerta trasera antes de que todo el pescado esté vendido, el dúo catalán perpetrado por Nil Roig y David Brugués no ha querido esperar a que el 2023 arranque para soltar por fin su esperado debut formal. Después de un par de años salpimentando la escena sumergida de nuestro país con sencillos que se han convertido en auténticos himnos de sala y guiños a la absoluta euforia, La Élite publica ahora su primer LP con un título que lo dice definitivamente todo: Nuevo Punk (Montgrí, 2022).

Conscientes de que no han inventado nada, la dupla ironiza en el título de su debut con esa manida etiqueta que medios, críticos y pseudo-entendidos acostumbramos a calzarle a cualquier proyecto novel de rock underground que se precie. La chispa idónea para una colección de envenenadas misivas con las que la formación busca ponerle la puntilla a un par de años redondos en los que su afluencia de seguidores no ha dejado de crecer e incluso algunas de sus canciones han llegado a colarse en proyectos audiovisuales de pronunciado éxito, como la serie Cardo de A3Media. Tal y como garantizaban sus afilados singles, el álbum al completo que La Élite nos entrega ahora no escatima a la hora de perfilar letras catárticas y exaltadas, convertidas en ácidos dardos destinados a no dejar títere con cabeza, enmarcar un ritmo de vida generacional que romantiza los excesos, y de paso, matar a algún que otro demonio interno.

Signo de su mala uva incipiente y de ese gamberrismo nato con el que tiñen todo lo que tocan, el LP abre con Nuit Folle, una descarada diatriba de cachondos improperios con la que no pierden la ocasión de asestarle un par de bofetadas al país vecino, tal vez fruto de una mala experiencia en éste (“Cuasimodo sin dormir, una baguette para vivir / Me cago en el Louvre, Carla Bruni déjame vivir”). Seguidamente veremos pasear por el disco otras caras conocidas de nuestra escena, ya bien sea por cierta regularidad (como son los archiconocidos The Parrots, en esa Transpotting), por unánime y aclamada novedad (como es el caso de Ben Yart y Kiliki de los populares Chill Mafia Records, para la ecléctica Puti Cluf, en la que rabia y auto-tune hacen oficialmente las paces), o los singulares Mainline Magic Orchestra que, en un inesperado giro de los acontecimientos, convierten el cierre del álbum en un auténtico homenaje a la ruta del bakalao con Me Ha Llamado El Tetico.

Pero colabos a parte, los de Tàrrega se bastan y se sobran para firmar un trabajo rotundo y sin peros, capaz de hacernos saltar al primer compás (Todos Me Miran Mal) y confirmar que, gracias a su marca personal, logran fusionar como nadie el hastío de la vida moderna (Mata A Tu Jefe), con la autocrítica generacional más salvaje (“¿Por qué no buscas un trabajo? Todo el mundo tiene uno. ¿Por qué no dejas ese grupo? No sabes cantar”), la auto-percepción venida arriba (“Estoy contento de ser feo y no llamar tu atención / Porque gracias a eso escribo esta canción”), o el desasosiego más romántico (“Si te digo que te quiero no me vas a creer, así que me emborracharé hasta el amanecer / Si me llamas esta noche no te lo voy a coger, estaré con mis amigos pintando en un CD”). Todo ello condimentado a base de sintes nerviosos y beats luminosos que afloran entre los arquetipos del género (inmediatez, espontaneidad, irreverencia) otorgándole, efectivamente, una cara nueva y fresca al punk.

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