Crítica: Kurt Vile - Bottle It In

9 octubre, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Kurt Vile - Bottle It In (2018)Redacción: Andrea Genovart

Kurt Vile nunca va a decepcionar. Y, por eso mismo, tiene carta blanca a la hora de experimentar. Bottle It In (Matador Records, 2018) es su séptimo disco de estudio pero probablemente el más rejuvenecedor. Ya con los adelantos de finales de verano, es decir, de Loading Zones y Bassackwards, Kurt Vile nos ha dado de probar del repertorio de este disco: un sonido fresco que se desplaza ligeramente del folk para explorar nuevos recónditos, inspirado en la experiencia no tanto del destino sino del mismo viaje y la inmediatez que le exige a la creación.

Kurt Vile confesó su miedo a los aviones en tantas ocasioens en que se veía obligado a coger uno. Y también su recurso para disminuir esa angustia: leer sobre country o ponerse canciones en bucle mientras en lo alto estaba tomándose un vino. Todo ello para evadirse, claro. Como tantos otros que tienen ese mismo miedo compartido pero en silencio. La experiencia del viaje, alejado de sus amigos y familia, le inspiró para lo que es hoy Bottle It In: un ir a distintos lugares para volver al punto de partida y marcharse otros sitios nuevos que pisar. Una variedad de registros forman parte de este repertorio de una hora y veinte minutos, de los más largos de su carrera discográfica. Coproducido por el mismo Vile, ha contado con la participación de artistas reconocidos como son las colaboraciones externas de Stella Mozwaga (Warpaint) en bateria, Cass McBombs en voces, Kim Gordon en guitarra acústica y Mary Lattimore en arpa.

Loading Zones es la música encargada de abrir el disco. Con la capacidad de teletransportarte en un coche y carretera desierta en un segundo, el artista se pasa al country folk. Con un gran recibimiento desde su estreno, la pieza coge una gran fuerza reforzado por coros, ritmos de punto y riffs de guitarra que son toda una invitación enérgica y vital a lo que viene después y que acaba de comenzar. Yeah Bones continua esta experiencia de recorrer paisaje de su precedente, enmarcado con un riff de guitarra que dura prácticamente toda la canción; le sigue Bassackwards, también escogida como single adelanto, que supone una pieza totalmente reconocible y, sumada a Check Baby, la más fiel al estilo por el que conocemos al artista: con una voz semiparlamentada, pero en todo momento protagonista, el cantante establece un diálogo pacífico con la cuerda: “I was on the beach but I was thinking about the bay / Got to the bay but by then I was far away” empieza. One Trick Ponies recoge el ritmo algo decaído de esta última canción y lo eleva sutilmente, sin perder la coherencia, pero abriendo la puerta a unos coros maravillosos hechos por Dave Scher y un juego de armonías con la batería de Warpaint, que consiguen un toque alegre y jovial que acaba por coger un ritmo progresivamente agitado pero natural, reforzando una estructura compositiva circular. Un claro ejemplo de que el equipo hace la fuerza, más cuando éste es de primera división.

El aire melancólico de Rollin With The Flow y Bottle In It de la segunda parte de este disco nos devuelve a un lugar más recogido y que nos sitúa en la otra cara de la moneda de la experiencia de la aventura, esa donde afloran los miedos y la soledad, y que encuentra su máxima forma de expresión en Hysteria. Ésta es probablemente el tema con el que Vile establece una relación de contrapunto con la frescura de buena mañana del disco, que acaba por crear una sofocante sensación de embriaguez y ensoñación con una melodía pegajosa. Mutinies se enriquece con el final de la guitarra de Gordon, que acaba en una recreación también de aires atmosféricos; Come Again, en cambio, es un entrelazado enternecedor de voz, coros y punteos de guitarra que consiguen encerrarte, sin violencia, en la canción. Cold Was The Wind más que a la tristeza llama a la soledad, Skinny Minny se sitúa entre el monólogo teatral y la interpretación acústica y, finalmente, ya para cerrar, (Bottle Back) es una pieza instrumental pero que pone el punto y final de una forma diferente por inconnexa.

Lo que nos presenta Kurt Vile no es una cara B ni C: es una B, C, D, E, F y lo que sigue después. De modo desordenado pero no caótico ni barroco. Es un cuadro paisajístico multicolor que pasa por distintos registros y nos lleva a nuevos y diferentes lugares. No hay más correlación entre ellos que la iniciativa de descubrir, de irse y volver a venir. No diremos eso de perderse para encontrarse porque todo ello lo hace con la capacidad de estar más presente que nunca y ser reconocido de forma inherente en cada canción. Kurt Vile demuestra con ello, pues, su capacidad de darse con una forma camaleónica que enmarca el mismo contenido genuino e irreductible del cantante de Philadelphia. Y es que, a veces, en cuestiones de rastro e influencia, la lejanía es una buena medida.

 


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