Crítica: Kokoshca - El Mal

9 noviembre, 2018
Redaccíon: dod Magazine

Kokoshca - El Mal

Redacción: Andrea Genovart

El Mal es algo que probablemente siempre ha preocupado a Kokoshca. Quien bien ha escuchado Hay Una Luz (2013) y Algo Real (2016), sabe que los navarros son conocidos, entre otras muchas cosas, por unas letras que juegan entre la crítica social y el vacío existencial, siempre tratadas a través del cinismo y su celebración. Con su tercer LP, grabado en los estudios Garate este pasado julio, todo esto se acentúa: encontramos en él un repertorio de doce temas hechos con la pistola cargada, aunque la presa a la que se apunta cambia tan rápido que a veces se nos escapa.

El recorrido por esta fascinación por la oscuridad del siglo XXI empieza con unos acordes ceremoniales por la muerte - todavía metafórica - del Rey, canción encargada de abrir un disco nietzscheano que invoca, a fin de cuentas, a un superhombre mayormente imperfecto y dibujado con grietas. La derrota del monarca - o el desorden -, con el espeluznante contraste de unos coros de niño, es el causante del comienzo de lo maléfico, pero también un constante hilo conductor que nos atraviesa en esta bajada a los infiernos a través de bailes poperos, rock ibérico y acordes garageros. Calle Lloviendo, uno de sus singles de avance, reconforta el tono elegíaco con un folk de balanceo que culmina con la catártica voz de Amaia Tirapu (también Reina Republicana) cantando un estribillo aflamencado en bucle. Sonido algo distinto a lo que veníamos habituados lo encontramos también en El Leviatán, una pieza New Wave y de ramalazos psicodélicos y, probablemente, de las más crípticas en cuanto a su letra.

Pero no solamente lo nuevo de los de Pamplona es llanto condensado, Kokoshca siguen siendo también aquel cuarteto que siempre vuelve con pie de guerra y melodías tan fácilmente bailables: Alarma te devuelve a su directo más festivo sin perder de vista ese perspectiva social de imágenes caóticas e inconexas reforzadas con voces en off de telediarios de distintos lugares; perspectiva que consiguen hacerla divertida pero que, a fin de cuentas, son “esa alarma que anuncia el mal”. Una melodía festiva que ya habíamos escuchado en el resto de sus singles, como son Seguiremos En Pie - con el fantástico dueto de Iñaki y Amaia - o en el latineo del Bom Bom, del que hemos podido ir observando cómo integrantes de grupos de la misma en escena subían vídeos haciendo la coreografía en sus cuentas de Instagram. Txomin también es un tema destacable: y es que como buena banda del norte, es casi obligatorio rendir culto a aquel personaje desarraigado que se paseaba por todos los bares de la ciudad y que nunca dejará de inspirar ternura.

Es también cierto que en Kokoshca siempre hay lugar para el desamor, porque éste nos pasa a todos aunque a todos se nos acaba pasando. Cómo también sucede con Triángulo de Amor Bizarro, estas canciones suelen estar protagonizadas por las guerreras del grupo. Me Arranqué La Piel A Tiras y Tarde son en El Mal el veneno más placentero del que no se escapa nadie, una especie de nana que acaba sorprendentemente en un universo de riffs y reverbs que evoca toda una experimentación instrumental que acaba por desencajarnos, de modo inevitable, en la primera escucha. Pero si por un lado existe la compasión que inspira esa incontrolada insumisión a una situación que solamente merece rencor, o el consuelo ante El Frío que hace florecer el victimismo, también existe rendir culto a nuestro honor. Las Chicas es, pues, el himno totalmente merecido de aires poppys que se convierte, de primeras, en uno de los mejores del disco. Esas de mover el cucú. Sonido Muchacho 100%, valga la broma irónica. Y es que Kokoscha también sabe dar cobijo.

Pero mención aparte y necesaria es El Mal. La canción que da título al disco y que es la encargada de cerrar este maravilloso y caleidoscópico tercer LP. Quizá la pieza más dura y más noventera: se trata de un post punk en toda regla, e incluso nos atreveremos a decir que una referencia moderada del post hardcore. El magnífico parlamento de Iñaki, que juega con el coro de Amaia, al mencionar todo un listado de países y escenas random (el congreso, la oficina, un postgrado y una bolsa de tomates a tantos euros el kilo, Alcásser y el Bar España) para ir, de lleno, a lo que viene siendo la nebulosa bajo la que se ha creado toda esa música: al Mal. El Mal como núcleo irreductible, como eterna batalla, como fenómeno inexplicable, tan humano como sobredimensionado. El Mal. Por todas partes: en ellos y en nosotros, en todos y por todo. En nuestro bar. El Mal, pero ahora también la inspiración.

El Mal, en Kokoshca es el renacimiento y la vuelta con más fuerza, El Disco y La Canción. El Mal, tan local y honestamente divertido; seámosles por todo esto, pues, agradecidos.


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