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Crítica: Khruangbin - A LA SALA

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Khruangbin - A La Sala (2024)

No intentemos buscarle dobles sentidos: A LA SALA (Dead Oceans, 2024) significa literalmente lo que leemos. Un particular grito de guerra que Laura Lee Ochoa solía clamar a su familia para congregar a sus respectivos miembros de forma conjunta en la sala de estar de su hogar, antes de la celebración de cualquier evento o circunstancia de índole comunal. Ahora Laura rescata dichas palabras, sencillas y directas, para convertir sus connotaciones de reunión en una suerte de llamado con el que lograr que, como si de una suerte de Vengadores se tratase, Mark Speer y Donald "DJ" Johnson acudan raudos y veloces para  formalizar el regreso de Khruangbin en formato de larga duración.

La línea tan de raíz que un título como éste tiene no parece resultar casual, pues detrás de las doce canciones de A LA SALA lo que a todas luces detectamos es una intención compartida por parte del trío de querer regresar a su esencia y a lo que les vimos hacer en sus primeros trabajos. Recordemos que Khruangbin vienen de firmar probablemente los episodios más mediáticos de su trayectoria, primero de la mano de dos proyectos colaborativos de gran aceptación pública (Texas Sun y Texas Moon con Leon Bridges y Ali junto a Vieux Farka Touré) y posteriormente con su último álbum de estudio, Moderchai (Dead Oceans, 2020), donde definitivamente abandonaron su marca personal, acústica e instrumental, en favor de dar paso a la palabra y la voz como herramientas adicionales.

Con esta vuelta a las andadas más melódicas, la banda nos propone adentrarnos así en la cara más cinemática y contemplativa de su registro, en ocasiones cayendo en la instrumentación genérica (tendremos la sensación de haber escuchado ya estas canciones con anterioridad y eso hay pocas bandas a las que se lo compremos) y en el adormecimiento más puro (nuevamente, sin el más mínimo despunte peyorativo, pues el desacelere es siempre bien recibido si se gestiona con gracia). Con la literalidad ya disuelta, el oyente podrá hacer con las canciones de A LA SALA lo que le dé la gana y crear a partir de ellas los paisajes y escenarios que más le plazca, convirtiendo éstas en la perfecta compañía para un tórrido viaje sobre el que abandonarse y dejarse llevar. La vibra del proyecto, liviana y despreocupada, continúa tan sólida como siempre, especializada ahora en crear ritmos aireados y espaciosos que son subrayados por el uso de guitarras atmosféricas y cajas de ritmo con las que hacen bandera de su nombre por todos los trastes. El sacrificio detrás de una propuesta de esta índole, no obstante, recae en la inexistente presencia de aquellos estribillos memorables que sí poseían, por ejemplo, algunos de sus títulos pretéritos y anteriormente mencionados; pero es evidente que la intención del trío aquí no era tanto la de crear un nuevo hit a lo Texas Sun o Pelota, como sí la de estirar las capas de un lienzo de melodías suaves que, con afán de calma y cura, ayuden al oyente a romper su soledad y ansiedad. En eso, los miembros de Khruangbin no tienen rival.

El montante final es un disco que confirma que la banda puede hacer lo que se le antoje, cantando o sin cantar, ya que siempre va a terminar conquistándonos con tino y puntería gracias a ese sonido ya marca de la casa que es capaz de aunar la psicodelia más peyotera (Ada Jean), el afro-pop más funky (Hold Me Up (Thank You)), el groove más sosegado (May Ninth) y hasta el disco más juguetón (Pon Pón). Demostrándonos que no requieren de inventivas exageradamente complejas para dar forma a un LP que valga la pena, Khruangbin vuelven con fidelidad a la casilla de salida y satisfacen nuestras expectativas, aun sin la obligación de habernos creado ninguna.

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