Crítica: John Carpenter - Lost Themes III: Alive After Dead

2 febrero, 2021
Redaccíon: dod Magazine

John Carpenter - Lost Themes III: Alive After Dead

Redacción: Andrea Genovart

Lost Themes III: Alive After Dead es el tercer disco del archiconocido director de cine y compositor John Carpenter. Así que sí, es una tontería que si hablamos de su tercer disco tengamos que presentarlo. Es mucho mejor regodearse en un título tan horrorosamente magistral, que no solamente le va como anillo al dedo sino que no podría ser más acertado en este comienzo de año.

Desde el 2016 que no habíamos tenido otro álbum de estudio del estadounidense. Aunque podríamos considerar todos los ‘Lost Themes’ como un único LP lanzado a modo de trilogía, aplazado en un tiempo que siempre recibirá con brazos abiertos su música. No obstante, reducirla a sus álbumes no le hace justicia ya que, como pasa con los grandes genios, cualquiera de las piezas de Carpenter siempre nos ha hecho compañía y nunca nos ha sido caduca. Sobre todo por lo que respecta a sus clásicas bandas sonoras. By the way, el 2021 tenía que ser un año de cambio por fuerza y, volver a reconectarse con lanzamientos musicales como éste, siempre será una buena noticia que abrazar con ganas.

Con fecha de salida para el 5 de febrero, otra vez bajo el sello de Sacred Bones, Carpenter propone un setlist de diez temas. Que en un principio puede saber a poco, pero no cuando entramos a fondo y descubrimos que cada uno de ellos es una auténtica maravilla que vale por diez. Sin dejar de lado el suspense y la sensación de un clímax que nunca acaba de llegar, su seña de identidad, el compositor juega con la electrónica más que nunca. El dinamismo y las capas instrumentales son una evolución evidente en este disco, en el que vuelve a colaborar con su hijo Cody Carpenter y Daniel Davies. No obstante, cabe decir que el gran gesto transformativo lo hizo con el Lost Themes II respecto al I, por lo que la modernidad de algunas canciones no supone un gran paso sorprendente o rupturista sino más bien una constatación de estar situado, desde hace años, en un nuevo estadio compositivo. Y es que es sabida su gran afición y defensa de la electrónica en general y de los videojuegos en particular - solamente hay que ver el videoclip para presentar el avance de The Dead Walk; así pues, no es de extrañar que desde hace ya un tiempo hayamos visto - mejor dicho, oído - una versión actualizada y más sofisticada, apoyada de un modo evidente en artefactos de sonido. Ejemplo clarísimo de ello es el ritmo acelerado de Weeping Ghost, Skeleton o Cemetery; y ya en un plano más singular, bebiendo del imaginario del gaming, encontramos  Vampire’s Touch o The Dead Walk, que se sirven de un groove progresivo adictivo.

Como era de esperar, Carpenter también recupera y se acomoda en su parte más representativa que es, al final, la de unas melodías que, en apariencia de segundo plano, acaban por imponer su incomodidad. Con otras palabras, lo que encontrábamos en sus películas, un envoltorio angustioso de la pieza audiovisual. Lo minimal ocupa un espacio relevante en el disco e invade la mayoría de las canciones; restando, en consecuencia, fuerza al proyecto del disco ya que, pese a la calidad inherente, no percibimos nada que nos deje con la boca abierta. Es el caso, por ejemplo, de canciones como Dead Eyes o Turning Bones - aunque, precisamente, este tono retrospectivo y alejado de la novedad es lo que puede gustar más a los puristas, que son muchos. Sabe mal reconocer que no hay ningún tema concreto que sea el descubrimiento; algo que, por otro lado, es comprensible al tratarse de un tercer larga duración de alguien que ya trae a sus espaldas una gran lista de bandas sonoras emblemáticas.

Lost Themes III ha salido después de cinco años de espera. Y aunque John Carpenter siempre será indudablemente un compositor excepcional, también cabe reconocer que la expectativa generada por todo este tiempo de espera no le ha hecho ningún favor. El proyecto de la trilogía, definida por él mismo como un gesto de libertad creativa ante el cual solo debe responderse a sí mismo, es una faceta interesante que reafirma, una vez más, el carácter polifacético del cineasta. Sin embargo, parece ser que este último capítulo nos lleva pocos aspectos nuevos sobre los que maravillarnos. Genialidades que, al fin y al cabo, es lo que se le suele pedir a grandes maestros y referentes históricos. Pero aún la carencia de este factor innovador, tanto Lost Themes III como Lost Themes II y I suponen un retrato fidedigno del compositor. Y cada uno de ellos, como cualquier otra de sus intervenciones, nunca dejarán de ser oro para nuestros oídos de hoy y de mañana.

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