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Crítica: Jessica Pratt - Here in the Pitch

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Jessica Pratt - Here in the Pitch (2024)

La californiana Jessica Pratt lleva más de una década en la pomada, creciendo exponencial pero comedidamente entre los círculos de pop alternativo y folklore independiente más sumergidos. A su manera, la responsable de discos como On Your Own Love Again (2015) y Quiet Signs (2019) ya se había ganado un hueco oficial en su particular nicho, pero muy pocos veíamos venir su maravilloso despunte tras ofrecernos con su cuarto trabajo, Here in the Pitch (City Slang, 2024), la que es a todas luces su mejor y más sólida propuesta.

Hay algo desde su mismísimo arranque que nos convence a pies juntillas de estar rotundamente ante un clásico instantáneo, ya bien sea por su arrebatadora capacidad de evocarnos tiempos pretéritos sin caer en anacronismos forzados o por la hipnotizante habilidad de su lírica para anclarnos a cada verso. Porque sí, Here in the Pitch es de esos discos que requieren exigentemente de nuestra atención, de sentarnos y entregarnos a su respectiva escucha sin más distracción que el deleite mismo de su belleza tonal y de esa producción con espíritu sesentero que te agarra y no te suelta.

Es la propia Pratt, mano a mano con Al Carlson, la encargada de producir estas nueve pistas que nos hablan en el magistral idioma de Nico, Vashti Bunyan, Petula Clark o Grace Slick. Una sublime y atmosférica experiencia plagada de reverberaciones capaces de resonar en nuestro interior a golpe de percusión y psicodelia relajada (Life Is), singular bossa despreocupada (Get Your Head Out) y delicadeza a las teclas (Empires Never Know). Pero es sin duda la voz de la artista lo que nos embriaga en su cómputo total, convirtiéndose esta en un mesmerizante lugar común de cada aporte y en un juego de luces y tonos que logra vencer la losa del referente y esbozar una irresistible personalidad propia ante la que solo uno puede rendirse (de las virguerías vocales de Better Hate al romanticismo de etiqueta de The Last Year son una buena prueba de cómo Pratt juega con las notas con auténtica maestría y nos embauca sin ni tan siquiera proponérselo).

Las letras de Pratt nos hablan de una forma impoluta sobre cómo decir adiós y mirar hacia el futuro, pero sobre todo asientan el nombre de su responsable en nuestro presente con la encomiable valía de no ser replicable con facilidad. Veintisiete minutos que nos dejan con ganas de mucho más, y decir eso en pleno 2024 no es baladí.

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