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Crítica: J - Plena Pausa

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J - Plena Pausa (2023)

No está escrito cuánto nos gustan esa clase de discos que son mucho más que un simple amasijo de canciones al peso, dispuestas en un orden comercialmente interesante y prestas al vicio de facturar. Plena Pausa (2023) también puede ser entendido como un disco al uso, si se quiere y si se tiene la intención de no intelectualizar de más el propio proyecto. Pero no cruzar el umbral que esta gran obra nos brinda, en favor de aproximarnos a la inabarcable cantidad de caminos y puertas que la misma nos abre, sería un pecado capital. Plena Pausa es el debut en solitario de J de Los Planetas; es un tributo por encargo a la influencia y trayectoria del cineasta Iván Zulueta; y es uno de esos trabajos que, si uno lo desea, no se quedan meramente en la conclusión de su respectiva escucha.

Es precisamente el respeto y la sintonía entre la voz de J y el imaginario de Zulueta lo que hacen de este LP (cuyo título, por cierto, es tomado de una cita encontrada en la genial Arrebato del realizador donostiarra) una absoluta y deliciosa suma de conexiones de la que uno no quiere salir, tanto si es fan de la obra de Iván como si es la primera vez que se aproxima a la misma. La labor narrativa de J es admirable, pues aún enfrentándose a un material ajeno y de semejantes magnitudes –primera vez que sucede en su trayectoria artística-, el vocalista granadino termina creando con incuestionable acierto un hilo argumental accesible, donde impera el respeto por la obra de Zulueta, pero sin perder la ocasión de vincular su orgullo y su visión al registro del director (el cual, en color y textura, no termina quedando tan distante del retrato sonoro que conocemos del propio J).

Maridar el cine y la óptica creativa de Zulueta con la música no se siente a priori la más fácil de las misiones (véase la seña tan personal, cruda, y hasta documental que sus piezas llevan consigo), y por ello, para esta particular comanda vemos a J valiéndose de lo que conoce y sabe hacer, sin excesiva intención por salirse del tiesto ni vendernos humo, sino más bien recordarnos la versatilidad de sus escenarios y su capacidad para vincularlos al talento de otras disciplinas (le hemos visto haciendo flamenco y trap antes de que a ningún otro indie se le ocurriera bajar ese listón imaginario de la pureza del rock, así que confiar en su capacidad de inventiva era por entero una apuesta segura). En alusión a su título, precisamente nos quedamos absortos y embelesados por el tratamiento pop que el miembro de Los Planetas decide darle a este proyecto, abrazando distorsiones de shoegaze que oscurecen la cara más honesta y sin trampas de su verbo (“Tú y yo lo estuvimos intentando de verdad y en el mundo no había nadie que molara más”, canta en Tormenta Eléctrica) o incluso tirando líneas de metalenguaje y guiño, entre porros y versos de Jack Kerouac (Arrebato (Un Buen Día Para Iván)).

Por suerte para el mismo y para el montante final del disco, J no ha estado solo en esta particular contienda y lo que de primeras supone un debut en solitario del cantante de Los Planetas también ha terminado siendo un proyecto más colectivo de lo que habría cabido esperar, contado para éste con diversos nombres entre los que no podemos más que destacar la brillante colaboración de la cantante argentina Natalia Drago de los platenses Srta. Trueno Negro (con Natalia Dice como uno de nuestros temas más destacados) o el apoyo a las seis cuerdas de David Rodríguez (de La Estrella de David). De una guisa menos convencional, pero de mixtura igualmente aguerrida, vemos al granadino llevándonos a su terreno más enraizado (Romeras de Betty Boo) para luego devolvernos a la crudeza más Velvet y warholiana (Jaleo de la Calle), pasando por un rock de melodía abordable (Era una Flecha) a otro de rugosidad space-rock (Amén), hasta llegar finalmente a ciertas reminiscencias de un sonido Donosti que, por hache o por bé, tenía que acabar colándose (Mi Ego Está En Babia). Es por eso que, si uno empieza tirar del hilo, termina dándose cuenta de que Plena Pausa es uno de esos proyectos transversales en tantos aspectos que bien podría hacer que nos tirásemos horas disfrutando de cada vínculo, referente o detalle, colocado con puntería entre sus piezas, en aras de lograr que el oyente descifre la esencia de este disco por entero, con paciencia, y desde luego, con mucha pausa.

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