Crítica: Idiot Prayer - Nick Cave Alone at Alexandra Palace

16 noviembre, 2020
Redaccíon: dod Magazine

Idiot Prayer - Nick Cave Alone at Alexandra Palace

Redacción: Andrea Genovart

Si has visto el documental de 20.000 días en la Tierra, uno puede ver que Nick Cave es un compositor que otorga sentido a cualquier cosa que hace. Es un cantante, sí, pero también un pensador que traza una constelación significativa en todo aquello que hace, creando así un universo interpretativo. El 20 de noviembre lanza el disco Idiot Prayer: Nick Cave Alone at Alexandra Palace, basado en su directo grabado a puerta cerrada en el Alexandra Palace, en Londres. Su concierto fue transmitido en vivo y en directo mediante streaming el 23 de julio de este mismo 2020, por cuestiones de pandemia. El 3 de septiembre, contra todo pronóstico, se anunció que el concierto, grabado por Robbie Ryanco con dos cámaras, se estrenaría como una pieza audiovisual que completaría la trilogía formada por los documentales 20.000 días en la Tierra (2014) y One More Time With Feeling (2016). Desde principios de noviembre, ya se ha podido ver Idiot Prayer: Nick Cave Alone at Alexandra Palace en algunos cines del mundo.

El concierto empieza con Spinning song. Pero Cave no toca, ni canta: solo lo recita. Toda una declaración de intenciones donde el artista nos atraviesa por un discurso de fama, éxito, reconocimiento; pero también de pérdidas, de soledad, de sufrimiento y de la imposibilidad de conciliar una paz interior: “Peace will come, a peace will come, a peace will come in time”. Se trata de la primera canción de este concierto que se publicará en formato disco, pero también es la primera canción de su último LP, Ghosteen, que está atravesado por la recién muerte de uno de sus hijos en 2015.  Es precisamente esta idea de velocidad, que no permite la paradoja en la que está atrapado esta primera persona desde la cual nos canta Cave, una idea con la que convive desde hace tiempo. Según explica en 20.000 días en la tierra, él no vive el presente porque cuando compone, cuando escribe, cuando hace música, siempre toma referencias de otro tiempo vivido, de modo que es imposible que él viva en el aquí-ahora: su arte hace desaparecer toda categoría temporal. Con todo ello, que es lo único que hablará en un concierto sin pausa de 22 canciones interpretadas únicamente por él con su piano, empieza a hacer sonar las teclas. Y lo primero que suena es Idiot Prayer. Una canción desoladora y negativa, que hace coherente la petición de paz de Cave; escuchándolo, uno puede experimentar el vértigo al oír preguntarse por la muerte. Y es que, en este directo tan extraño ya no solo por el formato sino por los tiempos de incerteza y fragilidad globales, no solo es escalofriante el hecho de escuchar un tema tan potente sino asumir que Nick Cave haya decidido titular este nuevo disco, a ese concierto, con esta canción. ¿Otra declaración? Probablemente.

Hay algo en la figura de Cave tremendamente engañoso. Y es que parece alguien serio, tímido, introvertido, pero después es enormemente generoso a la hora de explicar sus procesos creativos o los elementos autobiográficos que lo han determinado. Por todo eso, podemos intuir que todo lo que ha vivido, sean muertes, sean rupturas amorosas, sean proyectos familiares, ha influido de algún que otro modo su música. Y los últimos años de Cave han sido complicados, sobre todo por el hecho de afrontar la pérdida de su hijo. Una introducción oscura, emotiva, desoladora es la introducción a sus últimos años, con los que parece luchar con la música, la única herramienta que le permite distraerse como buen obsesivo que reconoce ser. Es por ello que a Idiot Prayer, le sigue Sad Waters del Your Funeral... My Trial (1986). Un tono, que además, resulta coherente con ese concierto interpretado en absoluta soledad en un palacio inmenso, donde uno no puede sentirse más desubicado y más vulnerable. Después de los diez primeros minutos de tensión máxima, donde uno puede sentir cómo se corta el aire aunque ni lo vea y esté escuchando una reproducción grabada, Cave elige Brompton Oratory para establecer una pequeña transición y dialogar con la escena religiosa, uno de sus escenarios más habituales a la hora de expresarse. Todavía a día de hoy no sabemos hasta cuánto es devoción y curiosidad para el australiano el tema de la religión, pero en muchas ocasiones ha explicado cómo de útil le es este elemento para componer sus canciones ya que, al hacerlo, se imagina como alguien que dialoga con Dios o con una entidad divina. Como quien pregunta y lanza un eco al vacío.

Pero de repente, al cuarto tema, sorpresa: una versión de Palaces of Montezuma de Grinderman, su formación alternativa por algunos miembros de Nick Cave & The Bad Sees que acabó por disolverse en 2011. Este gesto de Cave provoca, de repente, un salto temporal en su repertorio ya que nos sitúa hasta el 2010. De hecho, es la primera canción del siglo XX que encontramos en Idiot Prayer. Una versión con piano que difiere mucho del tema original, de un rock alternativo, pero que le queda como guante y la hace sonar con la misma fuerza, aunque solamente se valga de un piano - también cantará, más adelante, Man In The Moon de la misma banda. Que decida hacer una versión de Palaces Of Montezuma no es lo más sorprendente sino el cambio de tono: encaja perfectamente el tema en ese formato acústico, y bajándole unos cuantos decibelios, pero nos desplaza a un cambio de escenario radical. Pasamos de lo más profundo y existencial de los tres temas iniciales a la anécdota del viaje psicodélico. ¿Un homenaje a la diversión? ¿Una nostalgia pasada? ¿Un gesto para rescatar fantasmas ante la necesidad de compañía? Todo podría ser, si se trata de Cave. Porque pensando como él, la vida son contrastes y así insiste él, que suele jugar con las dualidades y elementos contrarios. No obstante, la versión que aquí tiene lugar es una completa maravilla.

Girl In Amber entra en este primer set de introducción, una de sus canciones más recientes, publicada en Skeleton Tree en 2016. Disco en el que, por cierto, estaba trabajando cuando pasó la tragedia del fallecimiento de uno de sus hijos, Arthur Cave. Una canción que en el documental de One More Time with Feeling, refiere a la escena que el artista decide llamar como “El Trauma” a través de frases como “The phone, the phone, the phone it rings, it rings, it rings no more”. La ambigüedad que dio pie la canción de Nobody’s Baby Now del Let Love In del 84, al no saber el género del sujeto que se refería en la canción - Cave siempre ha sido partidario de deconstruir la masculinidad e, incluso, el género, teniendo una etapa afín al movimiento queer y sintiéndose flexible en explorar el género a través de la sexualidad -, permite avanzar de nuevo en un momento del concierto tenso - ¿cómo no lo iba a ser, si está tocando en medio de un sitio de experiencia sepulcral?. (Are You) The One That I've Been Waiting For? y Waiting For You son interpretadas hacia la mitad, y se complementandose de una forma bonita, ya que la situación de espera permite unir dos discos que los separan más de 20 años de edad - Ghosteen, LP al que pertenece ésta última, es del año pasado, y que es una carta de amor a su hijo fallecido. Aunque el objeto de demanda se intuye que ha cambiado - las letras de Cave son sugerentes pero no explícitas, más bien metafóricas -, y posiblemente ya no se trata de una ruptura amorosa de juventud sino de reencontrarse con alguien que ya no está (ese “To return, to return”, doloroso, con el que va apagándose la voz de Cave al final).

La mitad del disco, el rigor del número 11, es un homenaje a uno de sus temas clásicos de toda su trayectoria. The Mercy Seat, del Tender Prey publicado en 1988. Canción que Cave ha dicho creer, por cierto, que es la que más ha tocado con su banda y que ha sido versionada por numerosos artistas, incluido Johny Cash. Una canción que quizá nos lleva a otro lugar al que no estamos acostumbrados, en la lírica del artista, que es la crítica política y social, concretamente la del relato de alguien que va a ser ejecutado en la silla eléctrica; en una reciente entrevista, le preguntaron a Cave sobre los miedos y, además de señalarse a él mismo, dijo toda una serie de injusticias mundiales como es el terrorismo islámico, Putin o el mismo Trump. Aunque esta canción no será la única que oiremos en Idiot Prayer: más adelante, Nick Cave interpreta Jubile Street, tema inspirado en una prostituta, de su décimoquinto disco sacado en 2013 Push the Sky Away. Pero antes, otra sorpresa: Euthanasia, un tema inédito. Euthanasia es una de esas canciones melódicas a la vez que minimalistas, que recuerdan al tono más antiguo del cantante y que hoy está reflejado en de The Boatman’s Call; Euthanasia, que podría considerarse toda ella una metáfora de su voluntad anímica, fue publicada el pasado 16 de Octubre. Y escatando la mención a The Boatman’s Call, enseguida viene Far From Me, una de las canciones emblemáticas sobre la ruptura de Cave con la también cantante PJ Harvey - de hecho, todo el disco, publicado el 97, un año después de su ruptura, podríamos decir que es el equivalente de lo que supuso 13 para Damon Albarn tras su ruptura con Justine Frischmann; le precede He Wants You, la única pista de Nocturama, pero que interpretada en solitario con su piano no hace más que ganar fuerza y contundencia.

Avanzamos en el segundo tercio del directo con el casi parlamento Higgs Boson Blues, todo un intento de blues del siglo XXI que resulta ser más bien un parlamento poético, donde el protagonista en cuestión se pregunta por el futuro del mundo desde un concepto abierto y abstracto, incluyendo referencias como Robert Johnson y Lucifer. El lamento elegíaco puro del cantante que todos conocemos y que, de vez en cuando, necesita hacerse escuchar. Stranger Than Kindness y la genial archiconocida Into My Arms, como no podía ser de otro modo, son las encargadas de conducirnos en este concierto en el que el aire podría cortar el ambiente hacia el final. The Ship Song, de su sexto álbum del 1990 y Papa Won’t Leave You, Henry elegida como penúltima canción. Aunque ésta trata de un padre que se dirige a su hijo, nunca está de menos recordar cómo la figura paterna es un factor indispensable del universo simbólico de Cave. Éste siempre ha relatado que la muerte de su padre, en un accidente de tráfico mientras él se encontraba en el calabozo, fue un hecho muy traumático para él y para su familia; además, su influencia fue crucial, y la lectura del clásico novelesco Lolita de Nabokov le marcó profundamente abriéndole, de un modo más o menos consciente, camino a su relación con la poética, la lectura y la escritura.

Black Hair y Galleon Ship son las canciones, en mayúscula, encargadas de poner punto y final a este concierto tan especial, en tiempos de clausura máxima y de suspensión de la música en vivo casi a nivel mundial. Dos temas que podrían representar de un modo notable la discografía del músico, ya que la primera pertenece a uno de los discos más importantes de toda su carrera, que es el The Boatman’s call, y Galleon Ship es una canción que forma parte de su último disco, uno de los más personales si duda, y que trata de la puerta del más allá, “searching for the other side”. La puerta del más allá que cierra a la vez que abre, del mismo modo que pone fin al concierto abriendo todo un abanico de sensaciones y recuerdos que quedarán para la posteridad de todos los oyentes de Nick Cave. Porque, en el artista, nunca nada es solo una cosa: amar es sufrir, vivir es resucitar los muertos, estar solo es alimentarse de la compañía de los recuerdos. Estas dos canciones finales no solamente unen una faceta antigua con una nueva sino dos de los tiempos más determinantes para su trayectoria musical, ya que uno no puede concebir la carrera del artista sin sus experiencias sufridas, que le sirven de pretexto para su proceso de composición. Si The Boatman’s Call fue para Nick Cave un proyecto que le sirvió para su necesaria reconstrucción por la pérdida de una relación, un intento de responder a tantas preguntas abocadas al silencio por la separación; en el último disco, en Ghosteen, es un padre que está en contacto con la Muerte y con su hijo de la forma más metafórica y bella posible, intentándola encajar como una parte ineludible del ser humano y de la Vida.

Idiot Prayer: Nick Cave Alone at Alexandra Palace no solo es un concierto a puerta cerrada. Es un diálogo del músico con él mismo, un hojear un álbum de fotos de una forma bella pero también dolorosa. Pero con la valentía que supone hacerlo uno solo, con el único apoyo de un piano, ya una extensión más de su cuerpo. El paso del tiempo a veces es amigo pero de otras un enemigo. Y consciente de eso, el australiano intenta inmortalizar y recrear esas situaciones a través de sus canciones. Alexandra Palace se convierte en un templo de la Memoria, y Nick Cave en un sacerdote que intenta exorcizar, dar voz, a todos los relatos sufridos y intromisiones demoníacas que lo han acompañado a lo largo del tiempo.

 

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