Crítica: Heather - Old Cry, I Walk

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28 noviembre, 2022
Redacción: Fran González

Heather - Old Cry, I Walk (2022)

A pesar de estar “tancant la paradeta” y empezando a hacer esos odiosos balances de año que a todos nos comienzan a venir a la mente por estas fechas, parece que no estaba todo el pescado vendido todavía y, para nuestra grata sorpresa, un nuevo LP de corte nacional se ha abierto paso a codazos, con firmeza y aplomo, postulándose como uno de los mejores álbumes tapados de lo que va de año. No exageramos si decimos lo fácil que es caer rendidos ante Old Cry, I Walk (La Castanya, 2022), el segundo trabajo del sexteto catalán Heather y una bomba de neutrones para aquellos que sepan apreciar el sabor de una buena bocanada de sonido 90s y distorsión romántica.

Si bien la formación ha tejido las hebras de su mayúsculo potencial en la Ciudad Condal, es innegable que la marca de Heather nos evoca constantemente al mundo anglosajón, ya no solo por el hechizo que derrocha su líder y voz principal, Heather Cameron (natural de Glasgow), sino por las continuas y poco disimuladas referencias que la banda lanza a las señas identitarias que treinta años atrás hicieron grandes a iconos como PJ Harvey, Rachel Goswell o Elizabeth Fraser. Luego, eso sí, de haberse hecho fuertes en la escena sumergida de su entorno más próximo, toman ahora en su segunda entrega en formato largo los cauces de su rumbo, insuflándole a su sello base un toque propio con el que, sin atisbo de dudas, merecen recibir el reconocimiento que se les debe.

Aun siendo una tendencia a la alza, meter la cabeza en la marmita de lo retro y dar un par de sorbos de dream pop y de shoegaze no es suficiente. Hace falta carisma para lograr desbancarse del resto de proyectos de similar corte y de sus respectivas influencias. Pero si algo le sobra precisamente a Heather en esta particular rat race en la que se ha convertido el rock underground últimamente es personalidad. Una responsabilidad que recae principalmente sobre los hombros de la dulce y vaporosa voz de la ya mencionada Heather Cameron, quien embelesa a la primera con su manera única de crear canciones de pop perfectas, impregnadas de nervio y emotividad a partes iguales (Revere It). En su fórmula caben punteos amables y luminosos al puro estilo britpop (Watching Lovers), capítulos de spoken-word sombrío y penetrante a los cuales Florence Shaw le daría su particular visto bueno (Avenge), intros e interludios etéreos y mesmerizantes que intensifican el color gris y brumoso del disco (I, II), y pasajes en los que directamente su vocalista se deja llevar por sus raíces escocesas y nos planta un twee pop de manual, a lo The Pastels, que es para quitarse el sombrero (Fallen Empire).

Hay una falta de uniformidad en el disco que lejos de rechinar, nos permite vislumbrar la habilidad del sexteto para encarar los diversos charcos en los que ellos mismos deciden meterse, ya sea bien a tempo lento y depositando en el potencial vocal todo el peso de la que podría ser su particular Teardrop (The Walker And The Wall) o llevando sus reverberaciones a un paisaje más árido que parece sacado directamente del On Fire de Galaxie 500 (Perfect Life). Llegados al final del LP nos piden que recordemos sus nombres (Mark Our Names) y ciertamente, después de haber disfrutado de principio a fin con sus trece nuevas canciones, mucho dudamos que podamos olvidarnos de ellos.

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