Crítica: Gyoza - Early Bird

14 marzo, 2020
Redaccíon: dod Magazine

Gyoza - Early Bird (2020)

Redacción: Andrea Genovart

En época de coronavirus hace falta un poco de mano firme. Y qué mejor que con el estreno del segundo disco de Gyoza, el grupo barcelonés que se sitúa entre el grunge y el stoner desde una euforia típica de los 90. Early Bird (2020) es como se titula su nuevo disco, después de tres años sin publicar ningún larga duración, pero que les ha cundido lo necesario para volver con paso decidido y una apuesta personal.

Grabado entre junio y julio del 2019, la banda de Barcelona formado por Adri, Álex, Xavi y Antonio propone un repertorio de diez canciones. Podría parecer escaso por el tiempo que se han tomado, pero la verdad es que cabe reconocerles la profundidad y trabajo en cada uno de los temas. La mayoría de ellos se caracterizan por ser de un estilo que se encuentra entre la parte melódica de grupos clásicos de finales del siglo pasado como Foo Fighters o The All American Rejects, por un lado, y por el lado más grunge como Deftones o el stoner-rock de Queens Of Stone Age. Son habituales los cambios de melodía y su aceleración, también una voz que acaba siendo llevado al territorio del grito y de la completa distorsión. Hay algunas genialidades como Glitch, que empieza con un captatio minimal y acaba por estallar en los compases de una balada; o In My Room, con un protagonismo de la percusión que no puede no captar la atención total de tu escucha, alternando el absoluto silencio controlado y la explosión. También cabe mencionar Unveiling Roy, con unos acordes ceremoniosos que solamente recrean un ambiente de expectación que no acaba de ser roto, a modo de interludio sin ningún tipo de encaje ni explicación. Seguramente tenga que ver el tema que le sucede después, Killing Goode, con un ritmo épico y de batalla pero que se alterna con una voz tan limpia que a la vez nos recuerda a esos temas de punk - rock americano.

El nuevo disco supone un ligero cambio con Gyoza (2017), donde destaca su primer single What Can I Do? o Freeze Me, en el que colaboraron con la banda de garage catalana Mourn, y con el que llegaron a tocar en salas como la Razzmatazz, Apolo 2 o Sidecar en Barcelona, y Maravillas en Madrid. En su disco debut sonaban de una forma mucho menos agresiva y más lo - fi. Sin beligerancia, suaves, relajados. Más cerca de la celebración punk que del enfado del post-rock. Quizá, de hecho, lo que podríamos pensar al escuchar el adelanto de este segundo disco, Veïns. Así pues, asistimos a una evolución a favor del endurecimiento y de su cara más radical. Todo un aplauso para aquellos que les gusta ir a hacer pogos y dejarse llevar con metralla de la buena. Sin tapujos. Sin complejos. Y con excesos.


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