
Josh Law y Ben Sadler han pasado tres años picando piedra sobre las tablas para que su segundo largo termine haciendo de la falta de solemnidad su principio estético más distintivo. Getdown Services, conscientes de lo innecesario que les resultaba orbitar sobre esa impostada gravedad que fluctúa sobre el historial post-punk de sus contemporáneos, opta en Massive Champion (Breakfast Records, 2026) por hablarnos sin pelos en la lengua de vómitos en autobuses, probióticos y digestiones complicadas, trabajos alienantes y electrodomésticos vengativos, todo ello sin que el disparate eclipse su músculo musical.
Porque, además de tirar de humor como principal motor narrativo, si algo se ha propuesto la dupla británica con su regreso es salpimentar el mismo con el suficiente número de recursos por canción que convenzan sobradamente al oyente de su talento. Sin despeinarse, combinan en una misma partida pinceladas de disco, funk, garage, pop-punk, electrónica o spoken word, logrando que esa exuberancia estilística adquiera todavía mayor empaque cuando uno descubre que detrás de la pedorreta y la mojiganga también se advierte una suerte de confesión que les hace frívolamente humanos (o terrenalmente evasivos).
Desde el banjo juguetón de Poor Bannister, crónica de una vomitona que oscila con desconcertante elegancia entre la hilaridad y la desolación, percibimos la habilidad de estos para convertir la anécdota miserable en materia prima. I Can’t Die Like That prolonga esa inclinación por lo grotesco desde un boogie de estilo glam, casi acedecesco, mientras Probiotic embute la obsesión presente por el bienestar en un riff de estilo garajero que parece dispuesto a comerse nuestras orejas a dentelladas. Sin embargo, es en Cha Cha Slide donde el artificio cómico empieza a resquebrajarse, recuperando la perplejidad infantil ante unas convenciones sociales que nunca terminamos de dominar y demostrando que, cuando quieren, Law y Sadler también saben golpearnos bajo.
The Radiator, en cambio, convierte la frustración en un himno electro-punk sobre la patética satisfacción de amedrentar objetos inanimados a golpes, una victoria diminuta que esconde tras su surrealismo y guasa muchas lecturas con segundas ("only picking fights that you know you’ll win"). A partir de ahí, The Definitive Map afila su particular retrato de la Inglaterra más clasista hasta desembocar en el insulto puro (“YOU FUCKING BASTARD! TWAT!”), recuperando la tradición de Sleaford Mods de convertir el imaginario provinciano en un territorio de frustración social. La casi inagotable sucesión de subgéneros continúa con What’s On Your Mind? y Stop Living, descubriéndonos, respectivamente, una inesperada ternura bedroom en los versos de la primera y una reinvención vaporosa y discotequera del castrista 9 to 5 ("chewed up, spat out") en la segunda.
Tirando de electrónica suave y de dialéctica a lo Mike Skinner, 600 Dance Lessons cierra de forma redonda el propósito del dúo de hacer coincidir una vulnerabilidad genuinamente generacional con una socarronería deliberadamente irreverente, haciendo posible la improbable convivencia entre el cachondeo, la pulsión bailable y la sensibilidad compartida ("Do you want to talk about Game of Thrones?", como último refugio para silenciar cualquier amago de monólogo interior). No parece poca cosa que dos tipos que presentan un discurso plagado de referencias a fluidos intestinales y eczemas esteroídicos terminen regalándonos una lección tan valiosa sobre cómo sobrevivir a la adultez.