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Crítica: Foals - Life Is Yours

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Portada de Life Is Yours - Foals

Redacción: Sergio Abreu

Después de un período intensamente oscuro a nivel mundial, Foals vuelven con luz propia y un sonido renovado en Life Is Yours. Una gran oda veraniega de sobreposición en las pistas de baile e interpolación entre cumbres estelares llena de momentos pegadizos que sitúan al disco como lo más accesible que la banda británica ha hecho a fecha de hoy, donde abundan y destacan ritmos baleares superpoblados y riffs de guitarra intermitentes estilo Nile Rodgers. Cabe destacar que es el primer material que han editado como trio tras la partida de sus antiguos miembros Walter Gervers y Edwin Congreave.

Foals siempre han ido avanzando coherentemente y con una gran calidad, además de disponer de una amplia paleta sonora que abarca desde el math rock de su ópera prima Antidotes, a tomas más pesadas y tenaces como Inhaler o What Went Down. La séptima entrega de los de Oxford es una colección de once cortes hecha para noches de diversión y días de efervescencia. Una obra repleta de sintetizadores vibrantes que nos trasladan a una sensación de juerga donde abundan ritmos sesgados y angulares que se yuxtaponen a través de finas texturas que mezclan instrumentos percusivos,  recordando a míticas bandas como New Order o Tears for Fears.

Foals hace toda una declaración de intenciones con Wake Me Up, un tema de dance rock frenético y divertido a mas no poder, con una rítmica férrea y un ecléctico riff de guitarra que fluye conciso hacia una frenética supernova final. 2AM juega con texturas disco y una base sonora funkoide. Yannis Philippakis se desmarca de su faceta de atormentado para recitar versos feel good en el disco funk de 2001 rememorando el sonido de los mejores Bee Gees.

Under The Radar nos ofrece la versión más selecta y ochentera de los de Oxford, mientras que Crest Of The Wave esparce una sensación de verano instantánea mientras sumerge su sonido en aguas cristalinas hasta llegar a algo parecido al mantra. The Sound decide cincelarse a sí misma como una bola de discoteca, queriendo participar como uno de los momentos más festivos de todo el catálogo de Foals.

El disco concluye al estilo Hot Chip con la eurítmica y optimista Wild Green, que es una canción que bien podría haberse quedado en una balada, pero que queda subrayada como una de las melodías más pop de todo el álbum. Asimismo, los bucles de descongestión y los sintetizadores intensifican su tierna y meliflua lírica.

Foals se quitan de encima las rigideces y, en esencia, se dedican a divertirse con un rock bailable hasta la médula que está impulsado por un sentimiento de autonomía mayor. El álbum está bien producido y resulta edificante con algunas melodías pegadizas llegando a lograr una elocuente combinación de estilos como retro pop, synth, disco o funk. No obstante, muy a mi pesar su, la falta variedad entre canciones lo acaba castigando, pero tal vez este picazón en concreto les haga resurgir en su incesante directo, que es donde el pico creativo de la banda llega a su climax.

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