Crítica: Flash - Flash

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5 septiembre, 2022
Redacción: Fran González

Flash - Flash (2022)

Dicen que nadie es profeta en su tierra, y tal vez sea por eso que las atenciones sobre esta banda vasca hayan derivado más en direcciones foráneas que patrias. O tal vez sea el anacronismo estético de su propuesta, lo cual claramente refuerza esa postura un tanto anacoreta y ludita que les hace huir de sobre-producciones y concesiones modernas. Fuere como fuere, el debut homónimo de Flash, y su primera incursión en el larga duración, es ya una realidad y nos llega de manos del sello radicado en Londres La Vida Es Un Mus, reafirmando una vez más -si es que a caso hiciera falta a estas alturas- que en nuestro norte se hace mucho punk y muy bueno.

Formados de los cimientos de otras bandas como Brigada Criminal, Arrotzak, Oki Moki, Hell División, o Dictadura, este quinteto de Guipúzcoa encuentra en las fórmulas más primigenias del género una voz propia que se desvincula de cualquier tipo de arreglo que pueda sonar actual, configurándose a su vez como un homenaje en toda regla a la raíz más pura. Sin cortar ni edulcorar. Once pistas rápidas, donde la media de metraje a penas supera los dos minutos por corte, generando esa sensación de fluidez ininterrumpida que hace que el LP literalmente vuele (menos de veinte minutos de duración total en los que la banda aprovecha hasta la última pulgada para vaciar toda su energía). Distorsión rabiosa y puro nervio, manifestados a través de sus líneas de guitarra exultantes, sus percusiones agitadas, y esas letras, dispuestas a caballo entre el euskera y el castellano, que suenan como arengas iracundas y liberadoras, escupidas directamente a la cara de todo lo que está mal.

No estamos ni dentro de la época dorada del CBGB ni en un directo de Misfits desde algún antro neoyorquino, sino en medio de una estruendosa tormenta de guitarras afiladas que se clavan como agujas en nuestros oídos (Saco de Arena) y líneas de batería que invitan directamente a la batalla (Ansiedad); pero además del ruido, en el discurso de Flash también prevalecen letras cargadas de descontento (Antitodo), jerga local (Nazkauta Nitxiok) y hasta empoderamiento personal (Mundua Neria Dek). Vamos, toda una clase magistral de cómo el punk de calle y auténtico debe sonar.

Pero ajenos al género, no teman, porque las arremetidas de Aritz Aranburu y compañía tienen algo de natural y orgánico que hacen de este álbum un trabajo sorprendentemente accesible. Su intensidad y su crudeza dejan paso a un sentimiento incendiario de proclama y protesta, poniendo en el punto de mira valores con los que es fácil simpatizar, como su antiautoritarismo o una lucha personal contra la gentrificación, haciendo que impere ese ferviente carácter comunitario y colectivo que define al punk.

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