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Crítica: Ferran Palau - Plora Aquí

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Ferran Palau - Plora Aqui (2024)

Tal y como ya hiciera en Kevin (Hidden Track, 2019), el artista catalán Ferran Palau se despereza de lo contravenido y de los signos más comunes del pop catalán de nueva época para reinventarse una vez más y demostrarnos lo muy por delante de todos que siempre va. Tres años después de empezar a dar indicios de su ferviente necesidad por cambiar de compás (un hastío de manidas etiquetas ya evidenciado en Joia), nos llega Plora Aquí (Hidden Track, 2024), el nuevo larga duración del cantautor y una prueba lúcida y sentida de cómo manejar con presteza las exigencias de un disco con narrativa y concepto.

Veintiséis minutos de intimismo minimalista en los que, inspirado por la incomprendida mirada de los monstruos del cine de los 80s y 90s, Palau nos presenta sus vicisitudes, anhelos y estímulos de la manera más personal. Aullidos de lobo en la distancia, voces distorsionadas que mascullan ininteligiblemente entre interludios, sintetizadores suaves y coros celestiales que se dan cita a fin de conformar un álbum con tantos nombres en sus créditos como ideas sobresalientes sobre el tapiz. Jordi MatasJoan Pons se suman, para variar, al binomio. Menos esperada es la contribución ofrecida por Sr. Chen, cuya mano en la producción le saca punta a la presencia más callejera de Palau (Gush Gush), aproximándole a la cara más sofisticada del pop urbano (S'estenen Flors).

InnerCut, ducho en lo que a reinventar el sonido ajeno se refiere sin desvirtuar la esencia del aludido (véase lo que ha hecho con El Último Vecino en los últimos años), depura las formas ocupándose de la mezcla y la masterización. Sin embargo, y a pesar de que el disco pase por tantas manos, en última instancia es solo la calidez y el tono privado de Palau, folklorista y soñador, lo que termina prevaleciendo. Sin perder su gusto por la textura lo-fi y recuperando una ilusionante pulsión que confiesa no haber sentido desde tiempos remotamente pretéritos en su carrera, el catalán nos embauca y conmueve a placer, ya sea tirando de su vena acústica más experimental (en Avui asoman sus ramalazos más a la Sufjan Stevens) o desdibujando las líneas del hip-hop y el pop (120) hasta terminar concibiendo joyas de soul blanco que enamoran (Fil d'or).

Ferran Palau se basta de poco para lograr mucho y nos envuelve como nunca en los resquicios de su sorprendente e inacabable imaginario. Lo más parecido a sumergirse, a través de los oídos, en el universo afectivo y teórico de Maurice Sendak y un delicioso elepé donde el ritmo lo es todo.

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