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Crítica: Feist - Multitudes

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Feist - Multitude (2023)

La volatilidad de la vida y sus correspondientes y cambiantes ciclos son el motor del sexto álbum de estudio de Leslie Feist, un lienzo acogedor y cálido en el que la artista canadiense atestigua el paso del tiempo marcado por su reciente maternidad y el fallecimiento de su padre. Multitudes (Polydor, 2023), o lo que es lo mismo, su regreso al juego tras cinco años de absoluto silencio, se siente exactamente como cabría esperar: un abrazo sentido y profundo, lleno de pasajes marcados por la pérdida y el amor y por ese inconfundible don de la cantante para sanar el alma del oyente tirando de pura dulzura y de ciertas notas de valentía que no vacilan a la hora de enfrentarse a la incertidumbre. Hablábamos de ciclos, de subidas y bajadas, y de comienzos y finales para empezar a entender mejor el nuevo trabajo de Feist (“What's gotta end for forever to begin?”, canta en Forever Before remarcando ese carácter periódico y recurrente de su discurso). Y es que a veces, la mera evolución de la vida –sin mayores aderezos y ornamentos que el puro paso de la misma- es la mejor y más fructífera de las inspiraciones posibles.

A pesar de la explosiva ventana a la experimentación que la canadiense nos abre en su primer y precioso corte (In Lightining), donde hasta parece arrancar ciertos destellos a la Björk que evolucionan en una psicodelia peyotera deliciosa, la artista canadiense poco o nada tarda en asentar las bases del álbum en un paradigma suave y meloso, más propio tal vez de su habitual impronta (“Cause the idea of the man I love he’s always love me in his lonely way”, reflexiona en la romántica Love Who We Are Meant To, para después ofrecer un juego voces corales y susurradas, tan marca de la casa, en Hiding Out In The Open). A posteriori comprobamos que, lejos de pecar de monótona, Feist encuentra la forma idónea de no requerir de hacer un álbum que se salga excesivamente de su abc (a excepción de esa brillante Borrow Trouble, donde sacará el genio bluesero más a lo Sharon Van Etten que nunca) para seguir dando en el clavo, y eso se debe principalmente a su maravillosa habilidad por sacarle punta a su estilo (a través de vertientes de puro arraigo, como en The Redwing, o de clamor poético y celestial, como en Of Womankind) y a su siempre acertada lírica, que una vez más no volverá a pasar inadvertida (“And you feel exactly the way that proves the mettle of your heart that won't be undermined by the overwhelming times, holding out but not holding in, and it's from herе we can really begin”, finaliza en la intensa y sobrecogedora Songs For Sad Friends).

Si Multitudes trascenderá o no en el cómputo total de la genial discografía de Feist es algo que nos reservamos a opinar, pero ese clamor personal, en ocasiones tan marcado por odas a la muerte y por baladas del todo crudas, lo convierten en un trabajo de introspección único por parte de la artista, que no solo nos regala sus más recónditas y profundas reflexiones, sino también un álbum bonito de verdad e ideal para apaciguar el nervio y la ansiedad del más pintado a golpe de folk preciosista y trazas de pop setentero.

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