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Crítica: DIIV - Frog in Boiling Water

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DIIV - Frog in Boiling Water (2004)

Redacción: Sergio Abreu

Embajadores del shoegaze y la nostalgia de antaño, eternamente consecuentes de las realidades incomodas y de los raros problemas que se ciernen sobre nuestro planeta, los DIIV se aventuran a un nuevo destino encandilando una nueva colección de himnos sombríos y distorsionados que deslumbran como una lámpara en una bizarra llamada de auxilio. Frog In Boiling Water es el título que han elegido para lo que tal vez y hasta ahora, sea los más consistente que hayan hecho nunca. Palabras mayores al estar hablando de una banda que ya coleccionaba unas cuantas hazañas superlativas. Los neoyorquinos retornan con una nueva zancada a una dirección crujiente que se recrea sobre una paleta de sonidos inofensivamente flotantes donde la suave voz de su frontman Zachary Cole Smith emerge de manera tímida y liviana aludiendo al no capitalismo y a temáticas conspiranoicas.

Tras las melodías serpenteantes e intrincadas, la neblina de sonidos se vuelve exuberante en algunas de las facetas cíclicas que proveen al álbum generando una rara curiosidad en mí de husmear algunas anotaciones del viejo diario o alguna carta perdida de alguno de sus intérpretes. En conjunto todo se siente como una obra hecha por un grupo de músicos sobresalientes que se reúnen para hacer algunas canciones que mira tú por donde… también resultan ser sobresalientes. Los temas se retroalimentan en su producción subacuática, con rastros explícitos de una reverberación sórdida y en esencia, con referencias del género noventero en su forma más impresionante y sencilla. El disco materializa ese salto de la rana sobre al agua hirviendo con su corte de apertura In Amber, que al igual que la fantástica Brown Paper Bag se recrea en una evocación armoniosa al sonido que hacían los My Bloody Valentine a principios de la década de los 90s. Raining On Your Pillow reproduce un sonido que se oscurece parcialmente en su propio esqueleto con un muro sonoro cimentado por grupos de guitarras impecables, mientras que Everyone Out difiere severamente del resto del álbum evocando una sensación ecléctica que incorpora sonidos meláncolicos y ondulantes que invitan a dejar caer alguna que otra gota de las glándulas lagrimales. Reflected es la canción que ayuda a darle al sonido de DIIV cierta urgencia sin perder su corrientes subterráneas de ensueño.

De manera similar Somber The Drums agrega una maravillosa dosis de claridad al álbum al enfatizar en grooves de batería abstractos y un sonido envolvente que da a la banda un sonido más denso en una capa que conserva todos los elementos cálidos y difusos azucarándose en su propia nebulosa. Luego, tras un aire de secretismo y misterio y guerreando entre un tira y afloja entre pop emocional y paisajes sonoros experimentales suena el tándem de Little Birds y la magnífica Soul-net. Para dar el cierre al álbum de la manera más entrañable posible utilizan una preciosa pieza titulada Fender On The Freeway, que define un sonido metálico casi post-shoeagaze y para ser el punto de encuentro de una banda que avanza mientras intenta sustentar el contacto con sus raíces brindando una perspectiva sentimental y contándonos la manera más eficiente de canalizar aquellos sentimientos que solo pueden ser plasmados en una canción.

DIIV se consolidan como oscuros altruistas con un sonido sombrío que llega a ser ensoñador por momentos. Su profundo lirismo hace el packaging perfecto a un lote de canciones que es tan lóbrego como hermoso y que eleva sus presentaciones en vivo a un nivel más grandioso si cabe. Hacer música no tiene por qué ser un esfuerzo solitario, y la sensación de que DIIV son mejores y más fuertes juntos resonará durante un buen puñado de tiempo más.

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