Crítica: DIIV - Deceiver

16 octubre, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Deceiver - DIIV (2019)

Redacción: Andrea Genovart

En una época donde el shoegaze vuelve a estar de moda y tenemos nuevas propuestas que honran a sus formas noventeras más que nunca - no es casual el retorno de hace pocos años de Slowdive -, DIIV vuelve con un tercer disco que, yendo al grano, es miel para los oídos. Con un sonido mucho más oscuro e introspectivo, la banda neoyorquina que acaba de confirmar fechas en la península para el 2020 aún habiendo anunciando de forma algo extraña por redes su disolución el año pasado, acaba de lanzar un repertorio que no puede no sonar familiar si te han gustado desde siempre bandas como Jesus and Mary Chain o algunos de sus riffs al mismísimo The Queen Is Dead.

DIIV se distancia aún más de toda faceta indie y se envuelve en una cavidad atmosférica que reafirma un sonido más personal e inaccesible, en un repertorio enmarcado por el biografismo de Cole Smith y su proceso de desintoxicación, experiencia que ha escogido como núcleo temático de Deceiver. Sin que sea un sonido en suspensión ni tan siquiera nostálgico, DIIV juega con unas melodías fáciles y frescas sin que por ello caigan irremediablemente en una simplicidad mainstream. Más bien al contrario. La complejidad y la seriedad de esta nueva etapa del proyecto, que ha tenido una historia delicada y rozando constantemente su fin, son unas cualidades latentes en su nuevo LP, sin que se convierta en una densidad pasada de vueltas y se vuelva algo cargante. Si por un lado encontramos una semibalada con Betwen Tides, que encuentra su punto de apoyo en un vorágine solo final, también tenemos un regreso al ánimo ligero de My Bloody Valentine con Skin Game. Así pues, podríamos afirmar que el regreso a lo tenue no es necesariamente a costa de lo deprimente; de hecho, podría estar más cerca de la calamidad que no del recogimiento atormentado. Ahora ya no hace falta ir de negro, simplemente no perseguir el salto constante ni la euforia mecánica para conectar con el oyente.

Pero Deceiver no es un repertorio trabajado por su constante variabilidad. No encontramos interludios de relleno ni detonantes que escapan de cualquier lógica lineal. Que por otro lado, este tabula rasa no está nada mal, pues hay menos piezas aleatorias que justificar o que prueban de reconocer el éxito ante un riesgo puntual. De este modo, el disco puede contemplarse como un paso evolutivo a la vez que en firme y coherente. La cohesividad de Deceiver es algo más que palpable, y más aún si lo entendemos como una experiencia sonora que se trata de un viaje en solitario más que algo alocado es de agradecer. En Taker podríamos reconocer el sigilo vocal propio de American Football, en For The Guilty volvemos a las reverbs propias de los anteriores discos y a un noise más rudo con que solíamos ubicar a la banda; en The Spark vuelven a la guitarra eléctrica con un sonido melódico y que rápido se te engancha a lo The Pains Of Being Pure At Heart, a la vez que juega con la línea del bajo y le pasa la responsabilidad de llevar la marcha cantante de la canción. También hay sitio para la experimentación en su estado más depurado en Lorelei, donde parece que nos trasladan a su buque de ensayo mientras huyen de toda armonía y pretenden reconquerir una pureza instrumental renunciando a la coherencia compositiva; en Blankenship encontraríamos la oscuridad desde el post punk y la crudeza más exagerada y Acheron podría ser una canción de Nine Inch Nails, con los que ha trabajado también el productor del disco Sonny Diperri.

Deceiver es un gran disco aunque para muchos semejante afirmación sorprenda. ¿Que la banda no ha innovado prácticamente nada respecto a un sonido noventero shoegaze? Por supuesto. Pero probablemente tampoco era la intención; la riqueza de este disco se encuentra en su calidad y en los matices que hay entre nota y nota de cada tema. Se trata de una exigencia de sonido y no tanto de proyecto. Y precisamente, por eso mismo, seguramente es un discazo: porque será fácil volver a él. Porque su dream pop es tan balsámico que puede encajar en infinidad de ocasiones, y puedes redescubrirlo de mil maneras. Es un disco que recomendar como compañero de muchos viajes, y que lo hace tan bien pero tan pendiente de no molestar que es imposible que llegue a cansar. Y es que si algo nos demuestran con su sonido es que no hace falta ser agresivo o vender algo edulcorado para tener personalidad.


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