Crítica: Deerhunter - Why Hasn't Everything Already Disappeared?

18 enero, 2019
Redaccíon: dod Magazine

Deerhunter - Why Hasn't Everything Already Disappeared?

Redacción: Ozantoño Torres

¿Sabéis quiénes son los Deerhunter? Pues si no lo sabéis, yo os voy a ilustrar. Y si los conocéis, seguid leyendo. Son de Atlanta y años atrás editaron dos discos que fueron un pepinazo; hablamos del Microcastle y el Halcyon Digest. Bueno, pepinazo en el ambiente alternativo e inditroski. Por eso cuando leí que vendrían con nueva obra pensé: “A ver con qué vienen ahora”. Sabía que el disco se estrenaba el viernes 18 de enero y aquí estoy, pegado al streaming, escuchándolo de pé a pá para mandar una crónica a estos zagales de dod Magazine.

Los de Atlanta se lo han tomado en modo tranqui y, para ello, han estado cuatro años mirando qué hacer, como hacerlo y por dónde tirar. Fijarse, cuatro años y aquí alguien tarda meses en sacar un single o disco y ya los estamos bombardeando. Léase Amaia Romero.

Pero los Deerhunter han vuelto ¡Y de qué manera! Fading Frontier, Bradford Cox y el resto de la pandi saben hacer las cosas bien y no se andan por las ramas a la hora de sacar otro discarraco. Sé que muchas personas que lean esta columna estarán un poco a la cuarta pregunta. Sí, sé que no son top mainstream. Pero, aun así han sabido hacerse un hueco de imprescindibles por sus propios méritos. Las radios no hablan de ellos, no salen en la tele y apenas han visitado nuestro país, pero es bueno rebuscar entre las revistas del gremio y los portales musicales en nombres de grupos que no nos suenen y luego proponerse una escucha y verán las cosas alucinantes que descubren. Este grupo, sin ir más lejos, merece toda la atención que puedan prestar.

Así que os presento a Deerhunter, que acaban de sacar disco y es una de las bandas más guays del panorama independiente actual. Tienen un rollo muy REM en su etapa pre Losing my religión. Sus canciones, para que os hagáis una idea y os animéis a escucharlos, van entre el dream pop más absoluto, pasando por el shoegaze, la psicodelia y hasta el post punk más coqueto sin parecer viejunos o modo Fleet Floxes, que también me molan, ojo.

Si lo de shoegaze os ha dejado un poco tolilis, aquí el colega os va a ilustrar de ello, para que así podáis seguir con el artículo de forma guay. El shoegazing (también conocido como shoegaze) es un estilo de música alternativa que surgió a finales de los ochenta en las islas británicas. Se les llamó así  porque los integrantes tocaban mirando al suelo sin catar visión del público. Entonces, ya sabéis los periodistas británicos lo graciosos que son para estos de juntar palabras, unieron las palabras zapatos y mirar fijamente (shoe y gaze para ser concretos) y montaron esta palabreja. ¿Ya lo habéis cogido, verdad? Pues venga, sigo con los chavaletes.

El disco que acaban de presentar se titula Why Hasn’t Everything Already Disappeared?  Este extraño título es traducido como “¿Por qué no ha desaparecido todo ya?” y encaja a la perfección con el ambiente musical del grupo y en el lugar donde se grabó,  Marfa, Texas, un pueblo casi fantasmal.

El trabajo ha sido editado por Cat Le Bon, productora conocida por haber sacado cosas con Perfume Genius o Kevin Morby, entre otros. El disco tiene diez temas y según el propio Bradford en una nota de prensa es “una reflexión en torno a la desaparición de la cultura, la humanidad, la naturaleza, la lógica y la emoción”. Ahí es .

Lo placentero del nuevo trabajo de Deerhunter es que siguen currándose las letras hasta límites intelectualoides. También destacan por cambiar el ritmo y estilo en cada obra nueva. Y con este igual; nada está por estar; todo suena en su sitio perfectamente encajado. Se agradece que grupos así estén por estos parajes de la música porque no andamos sobrados de gente mostrando alto nivel intelectual y musical a partes iguales.  De principio a fin suenan fascinantes y melódicos. Se nota tanto que hacen lo que quieren, que te entran ganas de ponerte un sombrero como ellos y tirarte a la carretera, ahí, a ver si te cogen cuando vengan a algún concierto e irte a charlar de libros, de música o hasta a las rebajas del Corte Inglés, que el Fading Frontier tiene pintas de perderse en la sesión camisas de cuadros.

Lo mejor que tienen es que se atreven con todo. Viven rodeados de un áurea de misterio, provocada por su enigmático sonido, la forma raruna que tienen de vestir y, por supuesto, el ir a la gornú del líder, que se le nota siempre en sus mundos de Yupi.

Why Hasn’t Everything Already Disappeared? suena a ellos pero como recién llegados del futuro, no sé si me explico bien. Las guitarras abandonan al prota y todo lo centran en el barroquismo musical del que hacen gala de principio al final. En el disco hay cuerdas, voces enterradas y sonido nerd.  Fascinante el tema Death In Midsummer o No One’s Sleeping donde meten el clavecín y la trompeta como haciendo un guiño a los Beirut, pero a su bola; y queda vintage y genialoide. También me ha molado el corte Element, donde coquetean con el pop psicodélico a base de muchas secciones rítmicas. Tal vez sea el single más shoegaze de todo el disco. ¿A que ya sabéis que significa? Pues eso, de aquí salís entendidos.

Luego, entre canción y canción, y cuando menos lo esperas, aparece una silla, un crujir de la madera, alguien que grita a lo lejos. Todo eso lo mezclan con los violines y los sintes y ya todo queda de un brutal que te entran ganas de gritarles “¿Pero y esta maravilla, chacho?”. En lo sonoro el disco es brutal, Paqui, ¡Brutal!.

A ver, sé que todas estas palabras guays que os estoy dedicando serán miel sobre hojuelas y el disco, el grupo y tal seguirán en su discurrir por el sendero indie, pero es que la forma de mezclar sonidos tan dispares me tienen todavía en estado flipy. Por ejemplo el  What Happens To People?, es como de pop más clásico ¿No?, pues al siguiente corte llegan con una experimental balada de tono oscura titulada  Greenpoint Gothic, que para hacer eso hay que tenerlos muy bien puestos y mucha libertad creativa, claro.

Y ahí es donde salen ganando. Su circuito, su público y su música no necesita de las masas que los vitoreen; tienen un gran segmento de seguidores a lo ancho y largo del mundo. Los que nos quedamos huérfanos de REM hemos acudido a ellos por una necesidad imperiosa de ese pop bien facturado. Porque saber jugar hasta con la electrónica (los tracks Plains y Nocturne dan prueba de ello) llevándola también por parajes minimalistas y ambientales es un riegos que solo sigue así es capaz de acometer.

¿Qué si me ha gustado el disco? ¿Pues no lo están leyendo? Mucho. Tanto las letras, como el sonido y la ambientación que merodea en las canciones son de un ambient casi de estar rodeado por merodeadores de The Walking Dead. El propio líder dijo en una entrevista hace poco que este disco era “una elegía a la ecología, describiéndola como un paisaje repleto de colores tóxicos”. ¿Es o no el muchacho para abrazarlo como un Furbi de lo raro que habla?

En fin, que no voy a endiosarlos más; que estoy muy contento con el disco genial que nos han regalado los Deerhunter, y me los voy a poner en bucle una y otra vez para seguir sacando cosicas y matices, porque ellos son así; un no parar de meter detallicos en plan “verás la cara que pondrá el oyente cuando se tope con esto, jiji”. Son jipis, pero muy cachondos.


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